El nuevo estatus

Murillo

CDLUGO

A una jornada del ecuador, el Lugo es campeón de invierno, con un importante colchón sobre sus perseguidores. Números de campeón, incontestables.

22 dic 2010 . Actualizado a las 17:40 h.

A una jornada del ecuador, el Lugo es campeón de invierno, con un importante colchón sobre sus perseguidores. Números de campeón, incontestables. Un estilo combinativo desde el meta, Escalona, donde no se rifa un balón, un sello inconfundible que le ha imprimido Setién, donde el buen trato de la pelota es la regla de oro. Y una presión asfixiante para recuperar cuanto antes la posesión. Un mimetismo del estilo del actual Barça, transmutado a un humilde equipo de Segunda B. Son los poderes de este Lugo revelador, que ha demarrado como un líder sólido, aunque su último triunfo sobre el colista Extremadura haya sido logrado con más sufrimiento del previsto. Pero los tres partidos de la última semana dejaron tiesos a los rojiblancos, en un segundo tiempo de suspense porque el gol postrero del primer período de Yago sólo se vio robustecido en el último suspiro, con el antológico tanto de su mejor futbolista, Azkorra. Suyas volvieron a ser las jugadas decisivas, habilitando, primero, con un pase interior a Yago, y finalmente la autosuficiencia para crear y ejecutar con maestría el cierre. Hasta esa postrera jugada, el bajón físico de los lucenses sólo les había permitido sobrevivir a base de cesiones a Escalona. Fue el peaje a las múltiples ocasiones erradas en el primer tiempo. Menos mal que el rival tampoco mostró suficiencia. Los aficionados, entusiasmados con su equipo, se preguntan si el mercado de invierno abrirá la veda para el éxodo de algunas de sus figuras. Para disipar temores, diré que si se presenta una ocasión para hacer historia, esta no puede traicionarse. Un ascenso no está al alcance de cualquiera. Ser campeón brinda un cincuenta por ciento de probabilidades de lograrlo. Y las posibilidades de mantenerse en la categoría de plata son siempre superiores a la confección de una plantilla ascensora. Huesca, Soria, Girona y otras capitales de menor población lo atestiguan. Manteniendo, eso sí, la coherencia en los gastos. Los complejos de inferioridad son los peores compañeros de viaje.