La solidez del líder

Murillo

CDLUGO

La reválida del liderato no fue sencilla para el Lugo, porque el aplazado partido con el Universidad canario se celebró en la noche más gélida del otoño y con un rival cuyo único objetivo fue el de dinamitar la vocación ofensiva del equipo de Setién con todas las artimañas del manual antifutbolístico: interrupciones constantes, faltas, pérdidas escandalosas de tiempo en los saques de meta y todo un repertorio de equipo marrullero donde los haya. Que luego su técnico, José Juan Almeida se acogiese a la coartada de un arbitraje desfavorable para su equipo como único argumento exculpatorio de la derrota, me parece tan surrealista como delirante. Lo que sí consiguió el técnico canario fue convertir el partido en un choque trabado, como objetivo supremo de cortar el juego de su rival. Y hasta no anduvo lejos de conseguirlo, salvo en el último tramo del partido. Antes, se escudó también en las imprecisiones de un Lugo deslavazado, con fallos constantes en el pase, incluso desde atrás, y, sobre todo, en los fallos garrafales de remates francos ante la meta de Vargas.

Pero el Universidad, experto en destruir, fue una hermanita de la caridad ofensivamente, avalado por el sistema defensivo lucense, apoyado en el partidazo de sus dos mediocentros, Pita y Marcos, pulmones en la recuperación y distribución de la pelota. Como el equipo lucense recuperó el cuero y asfixió al rival en tres cuartos, le bastó esta premisa para abrir la lata y cerrar el partido con los dos goles de Iván. Que tarda en aparecer, pero siempre suele hacerlo en los momentos decisivos. El Lugo se reencontró con el liderato de Segunda B, catorce años después, de la forma más inusual a su estilo habitual, pero mostrando la solidez de un líder cuando tiene que enfrentarse con la oposición más perversa. Si hoy le gana al Extremadura, el turrón será tan dulce como no se recuerda. Pero, como decía Setién, la sombra de la pasada segunda vuelta es demasiado alargada como para dormirse en los laureles.