El fútbol es insobornable

Murillo

CDLUGO

02 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Si algo tiene de grandioso el fútbol, es que posee un código genético insobornable. Si algunas veces parece injusto un resultado por los méritos desarrollados por un equipo, siempre existe la compensación justa a los valores y virtudes contraídos y reafirmados en la siguiente ocasión. Si el Lugo tuvo una primera vuelta para hacernos soñar a todos, exhibiendo un fútbol que combinaba juego con resultados, sorprendiendo a propios y extraños y elevándolo al altar de la promoción de ascenso, ahora vive en las antípodas de aquella luna de miel. Pasar de la gloria al infierno en poco más de un mes, sin que nada ni nadie parezca encontrar el antídoto a la caída libre, es tan inexplicable como inhabitual.

Si algo había quedado claro en la primera vuelta, como argumento sólido para explicar o justificar el estatus rojiblanco, es que los lucenses habían mostrado una inusitada superioridad sobre la mayoría de sus rivales. Pontevedra y Eibar fueron dos ejemplos claros de lo antedicho. Ambos sufrieron sendas debacles ante los de Setién. Y si alguna asignatura pendiente tenían, radicaba en el Ángel Carro, donde los sistemas defensivos adversarios se les atragantaban demasiado. Bastaban los desplazamientos para rectificar los tropiezos caseros y rondar la zona de promoción. Incluso las deficiencias defensivas de carácter individual se paliaban con la profusión ofensiva. Para borrar de un plumazo esta luna de miel hasta convertirla en hiel, bastó que un rival directísimo y en alza, el Lemona, aprovechase las rebajas del Ángel Carro para ridiculizar el encefalograma plano del actual equipo lucense. Y bastó que los visitantes ejerciesen una presión asfixiante sobre los dos centrales lucenses, Aira y Pablo, por parte de sus dos puntas, Lambarri y Rebollo, para que el cortocircuito lucense fuese completo. Sin laterales específicos que tapasen las bandas, el Lemona aprovechó las dos autopistas lucenses para sentenciar un duelo en la cumbre hasta convertirlo en un mero entrenamiento. Esta vez, y ya van demasiadas, la inferioridad del Lugo quedó tan patente que casi deja descartado al equipo de Setién para seguir soñando. Lo peor de todo, es que nadie se explica esta mutación tan negativa. Ni su creador, que nos puso el caramelo en la boca durante mucho tiempo.