Ayer el Lugo fue invitado a pasar al salón. Jugó en el glamuroso Reyno de Navarra y evitó el insípido Tajonar. Porque dentro de esta melancólica Segunda B, el Lugo es una rara avis: viene a tu casa con su mejor producto: agradar al espectador tratando bien la pelota, despreciando las cualidades resultadistas y estéticamente yermas que otros de su categoría proponen. Al Lugo le precede su fama de equipo guardiolesco: un conjunto solidario que ataca a base de paredes y cierta brillantez, liderado por sus dos fantásticos mediocentros, Marcos y Seoane, dos jugadores intensísimos que liberan a su defensa de mucho estrés y amargan la vida a los centrocampistas contrarios. Pero el Lugo es también un invitado muy apetecible porque siempre obsequia al oponente con dos o tres regalos en defensa. Ayer el Lugo concedió tres mano a mano. El Osasuna convirtió sólo uno gracias al beato Escalona. Además, al Lugo se le lesionó Maikel -como siempre- y cuando apretó arriba sólo concretó una de sus ocasiones. Losada demostró que su presencia es un misterio sin resolver. Sólo aporta buena voluntad. Lo falla todo. Al Lugo siempre lo abofetean por el mismo lado. Ofrece tiki-taka a costa de vivir al borde del catacrac. Por eso nunca entra en la terna de los cuatro elegidos.