LA TRIBUNA | O |
05 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.DESPUÉS de unas elecciones a la Cámara de Comercio de Lugo en que los empresarios han puesto tanto interés, no cabe más que felicitar a los ganadores. Esto es, a Mosteirín, Abelleira, Raúl, Corredoira y compañía. Se les ha visto unidos y con capacidad de liderazgo al frente de los empresarios de la provincia. Claro que en este caso la unión sólo ha servido para demostrar que el candidato Guillermo Sánchez Vilariño no era tal, porque no tiene respaldo. Pero aunque Vilariño no fuese un candidato en sentido estricto, al menos el asunto ha servido de simulacro para que los empresarios aprendan a trabajar unidos. Y además, el propio Vilariño no se sentirá como perdedor humillado y derrotado, porque pronto se dará cuenta de que se ha puesto a jugar en una división superior a la que le correspondía. Como si el C.D. Lugo encajase una goleada ante el Real Madrid, o como un pobre ejército de Sadam Huseim que tiene que salir corriendo de los agujeros al llegar la arrolladora maquinaria militar americana. En definitiva, un combate tan abultado que se convirtió en un entrenamiento para el boxeador y en un calentón de orejas para el esparring. Un resultado tan claro que ayudará a muchos a clarificar sus confusas ideas tras una sencilla reflexión. Y ahora que cada uno ya está en su sitio, es el momento de que la Cámara -con un pleno unido- invierta el dinero en abrir los mercados exteriores a nuestros productos y empresas, y no pierda ni un minuto en recursos legales, contenciosos y chismes varios de quienes persigan otros fines ajenos a los empresariales. Porque si las cámaras de comercio en general ya no gozan precisamente de un momento de buena fama, se espera que la de Lugo no vuelva a enfangarse después de pasar por el proceso purificador.