El trotamundos de los modestos

Pedro J. Barreiros REDACCIÓN

CDLUGO

El lucense no dudó en marcharse a Cantabria y a Murcia para entrenar en Tercera División por la falta de oportunidades en su tierra

26 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

«Estaba en Segunda División como segundo entrenador con 23 años y piensas que te vas a comer el mundo, que siempre vas a estar en lo más alto; esa etapa me abrió puertas, he de reconocerlo, pero ahora no me quedan grandes metas y mi aspiración es ser feliz con lo que hago... No me importa si es en un equipo juvenil o en Primera, pero sí encontrarme a gusto y mantener mi nivel particular». Víctor Basadre va a contracorriente. Al contrario que muchos jóvenes jugadores que pujan por un hueco en la élite cuanto antes, este lucense de 36 años sostiene que el fútbol es como un carrera de fondo. En cambio, sus inicios fueron de vértigo. De la mano de Fabri y de Xulio Díaz pisó campos de Segunda y de Segunda B... «Es que los entrenadores de Lugo lo tenemos complicado: en Tercera sólo nos queda el Lugo, el Viveiro y el Lemos, pero llegamos a tener alguno más y el Lugo en Segunda B, y lo mismo en Preferente; muy rara vez he dicho no a las oportunidades que he tenido en Galicia», asegura Basadre. Diplomado en Magisterio infantil y con dos hijas, el técnico aceptó las ofertas de dos equipos de Tercera, el Noja cántabro y el Caravaca murciano, con el que acaba de romper. «Sólo en Noja llegué con representante, para ir a Caravaca me llamó su secretario técnico, con el que no había hablado en mi vida, pero en el equipo había futbolistas con los que ya había coincidido en el Murcia B y que le habían hablado de mí», recuerda. En Murcia conoció las mayores diferencias con el fútbol gallego. «Aquí el Lugo es el que más presupuesto tiene, con 60 o 70 millones de pesetas (360.000 y 420.000 euros), pero allí el Orihuela llega a los 190 (1,4 millones de euros) y cinco o seis clubes más pasan de los 100 (600.000 euros). Pero es que yo allí entrenaba tres o cuatro días por semana mañana y tarde; era profesional», explica. A Basadre le compensó la distancia por las vivencias que experimentó y no dudaría en repetir: «Mi familia se vino conmigo, pero monetariamente tampoco fue para tanto, gané un sueldo similar al de un trabajador medio; por donde he pasado siempre he mantenido contactos, guardo gratos recuerdos y esas relaciones me dan a conocer y me pueden abrir puertas».