El Lugo recupera la magia de las grandes tardes en el derbi

A. H. LUGO

CDLUGO

28 oct 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

El fútbol había ido languideciendo en el último lustro a orillas del Miño. La nostalgia de otras tarde, en las que nadie podía contener el fútbol que emanaba de las botas de Frank, Ramiro y el tridente mágico Lago-Melo-Borge, se adueñaba del Ángel Carro. Había que buscar un revulsivo. Por el camino quedaron valientes intentos, como el de García Cantarero, que rozó la poesía balompédica en ocasiones. Julio Díaz se abrazó al pragmatismo después. Y en esto, llegó el derbi de ayer. Hace unas semanas el Lugo estaba tieso, caminaba hacia la muerte por inanición de goles; era más frío y estirado que la vela de un velatorio. El maestro de Cesuras quiso resucitar la pasión del Ángel Carro con un planteamiento prodigioso. Cerró el grifo de las bandas al Ourense con Vichu y Rafa muy adelantados y le obligó a una transición chirriante por el centro. Rafa y Sito son dos diamantes. Una delicia para la vista. Estuvieron perfectos de principio a fin: Rafa desbordó en la ida y vuelta y se llevó tres jugadores con sus enredos. Sito estuvo inabordable toda la tarde. El Lugo salió más motivado y explosivo, como en las tardes de antaño. Y como se sintió más agradable que nunca sobre el césped, quiso regalar a la hinchada un partido para el recuerdo. El derbi fue para los rojiblancos por entrega y motivación, por su exuberancia, su comportamiento sin falta, elaborando un partido tan inmaculado y bonito como inesperado. El plantel rojiblanco estuvo poderoso en la contención, con gusto. Díaz va recuperando jugadores que salen de la enfermería y son como galones que suma su equipo. Y esto sólo acaba de empezar. El Lugo se adelantó ante un rival que no estaba a la altura de su motivación. Díaz no quiso caer en la trampa de otorgarle la autoridad al contrincante y se fue a por el partido, mientras su colega, Teixidó, se paseaba por su área técnica atónito como un león enjaulado. El Lugo se adelantó en tres ocasiones. El Ourense, más por su impecable pegada, fue capaz de igualar dos veces, cuando el derbi se puso taquicárdico. La locura de la primera parte dejó sitio a una segunda más reposada. Curiosamente ahí falló Seoane, con una entrada inexplicable que le llevó a la ducha. Díaz aprovechó para colocar a Rafa de media punta -cuando se asiente aquí y se complemente con Sanz puede ser una mina- e hizo debutar a Murado. Al final dio su último movimiento incrustando a Pibe como central.