Díaz y los refuerzos dan forma y cuerpo al milagro lucense

R. FERNÁNDEZ LUGO

CDLUGO

ÓSCAR CELA

El entrenador sacó la pizarra para resucitar al Lugo Jandri y Vichu recondujeron una nave que iba a la deriva

30 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Quien lo ha visto y quien lo ve. La de vueltas que da la vida en un solo suspiro, y la de giros que también da la Liga. En dos meses, el Lugo ha pasado de estar desahuciado, a ser uno de los equipos de la zona baja de la tabla con más posibilidades de salvar la categoría. De hecho, es el único que depende de sí mismo para mantenerse en Segunda B. El pasado 25 de febrero y después de caer estrepitosamente ante el Ávila (3-1), el Lugo era el farolillo rojo de la clasificación. Ahora y en solo nueve jornadas la garra exhibida por leones rojiblancos de Julio Díaz ha provocado la esperada reacción. Los lucenses han conseguido dar un golpe de efecto. Dieciocho puntos de veintisiete posibles es algo más que un simple aprobado: notable. Es evidente que algo ha cambiado en el Lugo. La ilusión, la consistencia defensiva y los refuerzos, y por su puesto, el cambio de posiciones implantado por Díaz entre algunos de los jugadores más carismáticos del equipo han surtido el efecto deseado. Trasvase Ramiro-Villalobos Después de que Julio Díaz coqueteó con la dimisión; después de perder en Ávila, el estratega de Cesures dijo ¡basta ya! Sacó la pizarra y dibujó un nuevo escenario. El técnico tomó una decisión que sorprendió un poco al principio, pero que fue tomando forma y sentido a medida que transcurrieron las jornadas. De hecho, el trasvase de posiciones entre Ramiro Sorbet, uno de los abanderados del Lugo, y el madrileño Villalobos, fue providencial. A raíz de este trueque de demarcaciones, precisamente comenzó la esperada reacción. El Lugo recibía la visita del líder Ourense, y Ramiro se adueñó del centro de la zaga lucense, mientras Villalobos se acomodaba en el centro del campo, posición natural de su compañero. Consistencia en la defensa El intercambio de posiciones benefició a una defensa dubitativa y demasiado condescendiente en ocasiones puntuales. Díaz dijo: «Necesitamos sacar el balón jugado con más criterio desde atrás y pienso que Ramiro podrá hacer esta labor si juega más atrasado». Y así fue. Ramiro se adaptó a las mil maravillas, y Villalobos, poco a poco, fue encontrando su sitio en la medular. Los refuerzos, revulsivos Los refuerzos de enero echaron algo más que una mano al equipo. Jandri y Vichu ofrecieron lo que se les pedía: un aire renovador en el equipo. El escurridizo delantero cántabro dio velocidad y dinamismo, justo lo que necesitaba el ataque lucense, y no olvidemos sus tres goles. El cañonero pucelano aportó veteranía, saber estar, y algo fundamental: goles. Afinó la puntería, limpió sus armas, y engatilló tres obuses: todo un especialista. El orgullo y la casta El orgullo y la casta también han sido un gran acicate. Los rojiblancos se sobrepusieron a la crisis deportiva y económica -el club aún adeuda dos meses a la plantilla-. Los presagios de Díaz se volvieron a cumplir: «Tenemos la ventaja de ir de abajo hacia arriba, y seguro que les pesa más la responsabilidad a aquellos equipos que viven la situación a la inversa». Así fue.