El Ávila espera enrabietado al Lugo por la goleada de la ida

R. F. M. LUGO

CDLUGO

«Vamos a encarar este partido como si se tratara del último de la Liga: como si estuviese en juego la permanencia y tuviéramos la obligación de ganar para salvar la categoría», dice Luis Ángel Duque. Y no exagera el técnico del Ávila, pues el estadio Adolfo Suárez acogerá mañana (17.00 horas) un duelo a vida o muerte entre dos equipos que luchan desesperadamente por abandonar las dos últimas posiciones de la clasificación. Abulenses y lucenses, últimos y penúltimos, respectivamente, saldarán, en otra de las ciudades del territorio español que todavía conservan las murallas desde tiempos pretéritos, una de las batallas más interesantes desde que persas y griegos, enzarzados en las famosas Guerras Médicas, midieran sus fuerzas en el desfiladero de Termópilas. Y en esta lucha cuerpo a cuerpo, los lucenses parten con ventaja, pues cuentan con la sabiduría romana, heredada con el paso de los siglos de una muralla que permanece perenne y a la que no parece alterar ni un ápice el paso del tiempo. Así, los hombres de Julio Díaz se ataviarán para la ocasión, cuan aguerridos guerreros griegos del siglo V antes de Cristo para dejar medio tocados a abulenses, disfrados de soldados persas, y aprovechar así el tiempo en que estos tarden en recuperarse, para rearmarse para la próxima batalla. Pero seguro que los de Ávila venderán muy cara la victoria. Acorazados y franqueados por sus muros medievales, saltarán al campo de batalla heridos por la humillante derrota que sufrieron en el Ángel Carro. «El 5-1 de la primera vuelta no me hizo mucha gracia; pero ese partido ya es historia, nos hicieron tres goles en seis minutos», comenta, herido, Luis Ángel Duque, que no cree que se vuelva a repetir la misma historia. «El ánimo de revancha está al orden del día, pero sólo deportivamente», añade el entrenador, que no vaticina un ambiente hostil en la visita del Lugo, pues piensa que todavía restan algunas batallas hasta el final de la Liga. «Quedan en juego 36 puntos, si conseguimos 24, nos podremos salvar, y mientras haya posibilidades seguiremos luchando», sentencia Duque, que apela a la victoria para seguir teniendo vida, «ya que estamos en una fase terminal y los todos los puntos son vitales». El técnico abulense, conocedor de las últimas incorporaciones del Lugo, prepara toda su artillería pesada para frenar al enemigo. En el bando abulense no hay bajas. «Podré contar con los 21 jugadores de la plantilla, y para ganar no podemos hacer ningún tipo de concesiones, debemos salir con todas nuestras armas», advierte Duque, que espera salir victorioso de la batalla para dejar de utilizar la máquina con respiración asistida para empezar a respirar por sí mismos. Pase lo que pase, el desfiladero no será el fin de la guerra.