Monte Neme, A Ruña y las centrales de bombeo
MALPICA DE BERGANTIÑOS
La antigua mina de wolframio y estaño del monte Neme, entre Carballo y Malpica, ha puesto en evidencia las consecuencias de no restaurar una explotación minera cuando se abandona. Entre 1915 y 1923 una empresa alemana explotó la mina en galerías subterráneas, aún bien conservadas, pero en una segunda etapa, que acabó en el 2012, la explotación siguió a cielo abierto.
El mineral se obtenía de un granito alterado separándolo por lavado y concentración en mesa de sacudidas. Terminada esta etapa, la parte alta del monte Neme quedó cubierta por los huecos de las balsas de decantación, que la lluvia fue llenando de agua. En el 2014 reventó una de esas balsas, liberando una avalancha de agua, arcilla y piedras ladera abajo. Por eso, a finales del 2016, la Xunta de Galicia selló otra balsa próxima en riesgo de reventar y decidió prohibir el acceso a la zona, por el riesgo de derrumbes. Hace unos días, la lluvia llenó una de las balsas, aún sin deshabilitar, volviendo a producirse un flujo de agua y barro que, casualmente, dejó al descubierto una antigua galería de las excavadas por los alemanes en la antigua mina de wolframio; lo que no influyó para nada en el deslizamiento, aunque provocó un pintoresco relato con mezcla de nazis, Segunda Guerra Mundial y responsabilidades en el deslizamiento. La verdadera enseñanza del incidente está en haber podido observar qué ocurre cuando se almacena una gran cantidad de agua en la cima de un monte y la roca es permeable, y el agua se infiltra en profundidad.
En este momento, los ríos gallegos, a rebosar de agua, caminan hacia las rías produciendo desastres ecológicos en los bancos marisqueros. Se puede pensar que es natural: mucha lluvia, ríos crecidos y rías de agua salada que se acidifica instantáneamente, convirtiéndose en una trampa mortal para los bivalvos. Pero el caudal de los ríos, ahora, no es por la lluvia, sino por los sentinazos desde los embalses construidos hace más de medio siglo y en un estado de conservación preocupante. El desagüe precipitado de todos los embalses, que estaban hasta los topes (los propietarios lo han dejado para el final para no perder de ganar), ha sembrado la inquietud, pues se duda de si los obsoletos sistemas de desagüe son capaces de evacuar a tiempo el agua acumulada y no se repite un Ribadelago (1959), o un Tous (1982), en cualquiera de los grandes embalses de Galicia. Pero aún nuestros gobiernos, nacional y autonómico, nos obsequian con un ejercicio de irreflexión adicional con las llamadas centrales de bombeo que nos han preparado. Supone duplicar los embalses actuales con un sistema paralelo, y a más altura, que el río, y que, si nuestros técnicos no nos decepcionan, puede dar lugar a un efecto monte Neme en los ríos que atraviesan Galicia.