«Algunos nombres son muy acertados, y otros, un disparate»


Jesús Burgueño Rivero tiene origen berciano, pero ha crecido en Cataluña, donde es catedrático de Geografía, aunque el área en concreto es mucho más amplia. Su análisis del proyecto de división territorial de 1842 fue publicado en el Boletín de la Real Academia de Historia, y formaba parte de su tesis doctoral La formación de la división territorial en España 1800-1854, en la Universidad de Barcelona (1994). Ayer señalaba que la filosofía de la división propuesta por Fermín Caballero le parece, en general, correcta, aunque preferiría un mayor número de provincias. En Italia, por ejemplo, son más de un centenar. «Se podrían haber recogido más», señala. En Cataluña, además, se separaba muy bien el llano del Pirineo. En cuanto a los nombres de las provincias, «algunos son muy acertados, y otros, un disparate», pero eso visto desde una perspectiva actual. Quién sabe si, de haber triunfado la propuesta, y los nombres aprendidos por generaciones, hoy se vería absurdo dar el de las ciudades, pero eso ya entra en el terreno de la historia ficción. Además, que el noroccidente español se denominase Fisterra o Finisterre sería «lo más natural», como también lo es incluir La Rioja, como así se hizo. No fue la primera idea en ese sentido. Ya en 1810, en otra iniciativa con mucha menor relevancia y mínimo recorrido, en plena ocupación francesa, hubo quien sugirió llamarle Tambre a la provincia.

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«Algunos nombres son muy acertados, y otros, un disparate»