En Cee aparca el abuso de confianza

Juan Ventura Lado Alvela
J. V. Lado CRÓNICA CIUDADANA

CEE

03 dic 2015 . Actualizado a las 22:17 h.

En Cee no hay grandes problemas para aparcar en la calle, como evidencia el hecho de que el Concello no sea capaz de vender ni a tiros las plazas subterráneas que tiene en una de las mejores ubicaciones del pueblo, justo debajo del mercado. Lo que falta, como en cualquier lugar, es la posibilidad de meter el coche por la puerta del colegio, del Concello, del hospital, del supermercado o de cualquier establecimiento público, que es a lo que parecen pretender muchos conductores a tenor de las estampas que se ven en las calles día tras día.

La existencia de una zona azul que no se cobra y que tampoco se vigila con celo, porque la máxima es otra: ganar en movilidad y la Policía Local tampoco vive ni de lejos con el talonario en la mano, paradójicamente propicia todo tipo de abusos. Lejos de maximizar el aprovechamiento del espacio, resulta frecuente ver vehículos atravesados ocupando poco menos que el sitio de un tráiler, por supuesto durante horas aunque el tiempo permitido está limitado y, por si fuese poco, con las aceras como una extensión natural de las zonas de estacionamiento.

El entorno de las farmacias, la avenida Fernando Blanco, la puerta del Gadis de la plaza e incluso la entrada de algunos bares se llevan la palma en eso de utilizar los cuatro intermitentes como una especie de bula papal para, por poco, sacar el pie del pedal y posarla en la alfombra del establecimiento de turno.

Sin embargo, hay algunos casos paradigmáticos como el de los colegios, sobre todo el Manuela Rial, en las horas de entrada y salida a las clases, donde prácticamente siempre hay agentes que si tuviesen que sancionar todas las infracciones que ven, bien les valdría llevar consigo una caja de bolígrafos. A las puertas de este centro educativo se cruza la vía que recorre el arco de la ría, desde Brens hacia el hospital (Rúa Mariña y Paseo Alcalde Pepe Sánchez), con la calle Campo do Sacramento, que sube a la derecha hacia la avenida de Fisterra. El entorno está jalonado de árboles por la parte del mar, del otro lado hay aceras, pero nada llega, ni siquiera el paso de peatones, a la hora de acercar a la puerta del coche al vástago de turno para impedir que camine un metro, así sea pleno diciembre o el mejor día de la primavera.

Como esta se repiten decenas de situaciones, protagonizadas por automovilistas y también por gente que va a pie, que han hecho de la manga ancha y la relativa laxitud con la que se aplican las normas un pozo sin fondo en el que cabe todo. Luego, y si no al tiempo, cuando la situación se vuelva incontrolable a base de abuso, llegarán las quejas porque los policías, en la obligación de cumplir con su trabajo, multan demasiado.