Ayer celebraron fiesta en la parroquia vimiancesa de San Fins, con inauguración de plaza y todo, en la que estuvo presente el alcalde del municipio, Alejandro Rodríguez. Cien metros más abajo de la verbena, impasible al ritmo de la charanga, se alza el roble milagreiro. «Eu non son partidario dos santos nin creo nestas cousas _afirma Antonio Gándara, que fue cartero en Vimianzo durante 40 años_, mais a min doíanme as costas, din nove voltas ó carballo e curei». El roble de San Fíns tiene instrucciones de uso dependiendo de los males que se padezcan. Para los herniados o aquellos que padezcan dolores lumbares, basta con dar nueve vueltas al centenario tronco. No está demás dejarle una flor entre las ramas, aunque no parece obligatorio. Para los niños la cosa resulta más compleja: «Cando un neno ven quebrado, pásase por unha pola», dice Gándara. Uno de estos pasadores se llama Evaristo Rodríguez Pérez. Lleva 48 años en San Fíns, pero hace ya mucho que no pasa a un niño: «Antes, cando había que levar ós nenos a operar a Madrid, os pais os traían ó carballo, agora collen unha ambulancia e xa os operan en Cee». Evaristo Rodríguez explica la operación: «Cunha navalla ábrese unha pola da árbore e sepárase, e pásase polo medio o meniño, logo a pola únese con barro e un pano húmido; se a pola se une de novo, o neno sana». Suena a mitología, pero él asegura que vio como sanaba el hijo de un hombre de Baíñas tan pronto como se unió la rama, y que otro murió cuando la rama no consiguió reunirse. Tan milagreiro consideran al árbol que muchos tienen por irracional que no le caigan las hojas en otoño y es perenne.