Nuestra sociedad necesita de esa esperanza

Daniel Turnes O FARO

CARBALLO

Misa de la Novena de la Virxe das Dores en Vimianzo
Misa de la Novena de la Virxe das Dores en Vimianzo ANA GARCÍA

22 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Al acercarse la Semana Santa, muchas personas se pueden preguntar qué aporta su celebración a una sociedad como la nuestra. En ocasiones, la respuesta incide en factores económicos, por el incentivo turístico para muchos lugares del país; culturales, por el valor artístico de muchas de las imágenes que procesionan; o incluso de cohesión social, de tradición o identidad. Quiero detenerme en un estrato algo más profundo, sin restar importancia a lo mencionado, porque la Semana Santa es conmemorar lo que hizo Jesús. Y… ¿Qué hizo? Lo resumiría en tres palabras: amar, morir y resucitar.

Amar fue lo que hizo Jesús a lo largo de toda su vida; amar a todos, sin medida; hacer que su amor por nosotros se tradujese en curación, esperanza, reconciliación, perdón… La mejor muestra de amor del Señor es haberse hecho pan: para ser partido y compartido, para ser alimento y así hacerse uno en cada uno de nosotros. Pienso que nuestro mundo, acuciado por tanta guerra y destrucción, necesita de ese amor.

Pero el amor de Cristo fue llevado hasta el extremo. Puede parecernos muy fuerte o contradictorio, pero Él vino a este nuestro mundo para morir nuestra muerte. Jesús carga sobre sí todo lo que nos frustra, lo que nos da miedo, lo que envuelve nuestra existencia en oscuridad y lo hace para destruirlo, para liberarnos. La muerte de Cristo, que con tanto dramatismo conmemora nuestra tierra, es una invitación a terminar con todo aquello que oscurece la vida de los hombres. Nuestro mundo necesita menos muertes como las que el hombre provoca. Contemplar a Cristo muerto es una invitación a terminar con el egoísmo, a concluir con la violencia, a desterrar de nuestras vidas el pecado… y eso es lo que nuestra sociedad necesita.

Finalmente, nada tendría sentido sin la tercera palabra: Cristo resucitó. Y esa victoria suya sobre la muerte tiene la facultad de poder alegrar nuestras vidas, es una puerta abierta a la esperanza, la mejor puerta que puede atravesar la humanidad. Nuestra sociedad necesita de esa esperanza. Merece la pena amar hasta el extremo, porque al final el sepulcro vacío nos proclama que Cristo vive y que, por lo tanto, en este mundo nuestro, es posible el amor. Con las palabras de uno de nuestros poetas podríamos decir que la Semana Santa demuestra que «…a vida é o único soño verdadeiro».

(*) Daniel Turnes es párroco en Muxía y Vimianzo.