Y corrieron hacia Belén

Carta a los Reyes Magos: que ningún niño se quede sin regalo. Que personas con responsabilidad pública tengan espíritu de servicio y sentido común


Me gusta mucho la fiesta de Reyes: la mirada festiva, juguetona e ilusionada de los niños, que busca y descubre con asombro los regalos debajo del árbol de Navidad. Qué diferente son las fiestas navideñas según haya o no niños en la casa. Es una pena, pero hoy hay muchas casas en las que ya no hay niños, no porque estos hayan crecido sino, simplemente, porque ya no han nacido.

«El tesoro más deseable se encuentra en la boca del sabio», leemos en la Biblia, concretamente en el libro de los Proverbios.

Los Reyes Magos de Oriente, guiados por la estrella, llegaron hasta Belén no sin esfuerzo y fatigas: por eso decimos que eran sabios. Hoy, sin embargo, queremos alcanzar las metas sin cansarnos en el camino, lo cual es a todas luces imposible. Para llegar a algún sitio hay que encontrar el camino y recorrerlo hasta el final, llueve, truene o haga un sol de justicia. Los Reyes Magos de Oriente saben orientarse, tienen sabiduría para discernir, saben buscar la verdad y la luz para llegar a donde deben ir.

Los Reyes Magos entraron en el lugar en donde estaban María, José y el Niño. Supieron reconocer en esa escena algo místico, cósmico, absolutamente maravilloso… Y es que Dios se revela en lo pequeño, en lo sencillo: dos mil años después a los hombres y mujeres les sigue costando mucho reconocer a Dios en lo humilde, y así nos va.

Si bien hoy estamos mucho peor que en diciembre de 2019, no por ello podemos perder la ilusión y la esperanza, que son el denominador común de esta fiesta tan querida. Es necesario ampliar la mirada: como dice el Papa Francisco, es necesario asumir el desafío de pensar y gestar un mundo abierto y fraterno para todos.

Queridos Reyes Magos: me gustaría que ustedes tuviesen suficientes pajes y ayudantes para que ningún niño quede sin un regalo. Es cierto, pero no es suficiente con este deseo. Porque son demasiados los niños que todavía hoy mueren de hambre en el mundo, demasiados los niños que sufren abandono, guerras y violencias diversas. Los pobres -y el planeta mismo- gimen de dolor ante el despilfarro y la indolencia de unos pocos. El Niño de Belén nos convoca aquí y ahora a la revolución de la ternura y de la esperanza, al compromiso activo, valiente y duradero en favor de todos los niños del mundo.

Ustedes fueron capaces de reconocer a Dios en la humildad y la fragilidad de un Niño nacido en un pesebre: les pido, queridos Reyes Magos, que nosotros también seamos capaces de reconocer a Dios no solo en la fragilidad de los niños que sufren, sino también en los ancianos solos, en tantos enfermos que no tienen quien los atienda. Que nuestro corazón no sea de cemento armado sino un corazón de carne, compasivo y misericordioso.

En el corazón de las personas

Sería muy bueno, queridos Reyes Magos, que sembrasen en el corazón de las personas que están ocupando puestos de responsabilidad en la vida pública altas dosis de competencia, de espíritu de servicio y de sentido común. Que no se dejen llevar por ideologías que maltratan la dignidad humana, que solo arruinan la convivencia y el espíritu humano.

Me gustaría mucho que ustedes, queridos Reyes Magos, dejasen algunos libros que ayudasen a los adultos de nuestra época a tejer redes de solidaridad y de fraternidad porque la vida humana no viene en formato individual sino en clave comunitaria. Las fuerzas del alma hay que alimentarlas cada día, lo mismo que alimentamos el cuerpo, con paciencia (que no es sinónimo de resignación) y con esmero.

De nada nos sirve ponernos nerviosos e inquietos, indignarnos y vociferar, si no estamos dispuestos a cambiar, nosotros los primeros.

Nos estaría mal, por ejemplo, algún libro de los varios que publicó el famoso psiquiatra Viktor Frankl, que pasó por los campos de concentración y, sin embargo, nunca perdió el sentido y la alegría de la vida. Y es que, como dejó dicho, «quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cosa».

Y en esta sociedad tan llena de ruidos e imágenes múltiples, intentar hacer algo de silencio en nuestro interior para meditar tampoco estaría mal. A ello nos ayudan de manera magistral los textos de Pablo d’Ors, que sus pajes pueden encontrar casi en cualquier librería.

No cabe duda que desde que empezó esta pandemia del coronavirus la Bioética ha adquirido una importancia grande. De hecho, alguien ha escrito que esta es la hora de la Bioética. Pues tampoco estaría mal, queridos Reyes Magos, que ustedes dejaran en nuestras casas algún libro de esta materia. Yo les recomiendo Bioética en tiempos del covid-19. Porque hace mucha falta tener criterios claros sobre asuntos tan delicados.

Termino. Espero no haber abusado de su paciencia, queridos Reyes Magos. ¡Pero son tantas las cosas que llevo en mi corazón! ¡Tantos los pequeños gestos que todos podemos hacer para construir una sociedad más fraterna! Que nunca me falte la ilusión de los niños en un día como hoy, ni la complicidad de padres y abuelos.

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