Crítica teatral de «Todas hieren y una mata»: Oda a la literatura

FIOT | «Una obra que , como en el período de Lope de Vega, tenía como finalidad entretener»


«Qué descansada vida/ la del que huye el mundanal ruido/ y sigue la escondida/ senda por donde han ido/ los pocos sabios que en el mundo han sido» (Oda a la vida retirada, de fray Luis de León).

«Soy profesora de Literatura. Sí, todavía existimos». Así comienza la magnífica obra Todas hieren y una mata, representada en Carballo, el pasado sábado, 18 de octubre. Un claro ejemplo de metaliteratura, de Literatura dentro de la Literatura, en la que una profesora, tras explicar de forma concisa y clara los rasgos de la comedia nueva de Lope de Vega y aludir a la famosa técnica del manuscrito encontrado, introduce la representación de una comedia de capa y espada, muy especial. Pone de relieve la revolución que en el teatro supuso el Fénix de los Ingenios (¡si cobrase vida de sus propias cenizas y pudiese contemplar lo que vemos, en ocasiones, sobre las tablas!): la ruptura de las unidades de tiempo, acción y lugar; la mezcla de rasgos cómicos y trágicos; el empleo del verso (¿a que no es tan difícil comprenderlo, si se declama bien?); la presencia de personajes tipo: el galán, la dama, el comendador (hombre que se interpone en los amores de ambos) y, cómo no, el criado, que desempeñaba el papel cómico, y la criada, la cual solía enamorarse de aquel, al igual que su ama del galán. Gran papel este del gracioso en la obra comentada, que hizo reír a los que nos encontrábamos en el patio de butacas o corral de comedias (¡podíamos imaginarlo tal como se planteaba!), en el que, a diferencia de este, no existen lugares privilegiados, según la clase social a la que se pertenecía: en la cazuela, las mujeres del pueblo, temidas por los actores, pues daban rienda suelta, al igual que los hombres , que ocupaban el patio y los desvanes, a su bravura, abucheándolos, como no les gustase la obra representada; la nobleza, en los denominados aposentos y el clero en la tertulia.

Móviles

El Barroco, el siglo XVII, ese período de crisis política, económica y social (¿no les suena todo esto a algo muy cercano?), al que desea volver el gracioso (¡qué bonita voz!), al apreciar la vestimenta, los transportes extraños en los que se mueven los mortales y los aparatejos que llevan en las manos y los obligan a ir cabizbajos por las calles (¡magnífica crítica de la adicción a los móviles que, por cierto, siguen sonando en el teatro!; ¡qué falta de tacto, por favoooooooooor!).

Entretener

Una obra que, como en el período de Lope de Vega, tenía como finalidad entretener, pues como podríamos decir coloquialmente, el horno no estaba para bollos, y en ese espacio, en ocasiones reducido (existía el trabajo de apretador, cuya labor consistía en empujar en los bancos para que cupiese más gente), se olvidaban de aquel triste período en el que les tocó vivir.

Otro elemento interesantísimo, aparte del viaje en el tiempo, con el descenso por el patio de butacas del galán y de su criado, es ese final abierto. Todos nos quedamos con la duda, ¿qué habrá ocurrido? ¡Cada uno que opte por lo que considere oportuno! Por todo esto, debo agradecer, desde estas líneas, la excelente labor realizada por Álvaro Tato y Yayo Cáceres, así como la de toda la compañía.

Con el primero, tuve la suerte de intercambiar unas palabras cuando con la compañía Ron Lalá, trajeron a Carballo, la adaptación teatral del Quijote, ¡de las dos partes del Quijote!, algo que me parecía totalmente inconcebible, debido a la densidad de la obra y al hecho de que reflejaron los momentos más importantes de esta.

Lección para aquellos de los que depende la cultura de este país: si una obra de teatro, aunque sea clásico, está bien adaptada y representada; si en ella se cuidan los detalles, como hemos podido comprobar el pasado sábado, lo que, en general, suele sonar a tostón (empleo la jerga juvenil que, por desgracia, también se escucha en gente adulta), va a atraer y se va a disfrutar con ella. Todo el pueblo aplaude, porque la ha entendido y se ha dado cuenta, sin grandes ni pedantes aclaraciones, de que se hallan ante un verdadero espectáculo teatral. ¡Enhorabuena y viva el teatro (el bien hecho)!

Soy profesora de Literatura. Sí, todavía existimos.

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