Menos feísmo


En uno de los reportajes que este periódico está publicando sobre el estado del Camino Francés a Santiago se recogían quejas de vecinos porque, en su opinión, existen muchas trabas burocráticas para rehabilitar viviendas en el mundo rural. Una queja que llama a la empatía, porque ¿quién no cree que hay excesiva burocracia? Pero lo que los vecinos están reivindicando, quizás sin tener conciencia de ello, es el «é a miña casa e fago o que me peta», una de las expresiones que deben figurar en el catálogo de los horrores junto con el «ti vai facendo». No está de más recordar que hace unos años un candidato a alcalde en uno de los municipios cercanos a Santiago se despachaba en los mítines diciendo que, si ganaba, dejaría a cada uno construir en su tierra lo que le diera la gana.

Porque aunque no seré yo quien defienda la gestión de la Dirección Xeral de Patrimonio (ejemplo de burocracia rayana en muchas ocasiones en la incompetencia, como quedó de manifiesto en el trazado del Camino Inglés entre Sigüeiro y Compostela), cuando se fijan unas normas estéticas procede cumplirlas. Y es más, la Consellería de Infraestruturas e Vivenda havuelto a poner en marcha Vivendas no Camiño. Es decir, un programa de rehabilitación de viviendas en las rutas jacobeas. Que puede ser criticado, claro está, pero que es una muestra del esfuerzo para acabar con el feísmo. Un feísmo que no impusieron los Reyes Católicos cuando domaron Galicia, sino que se trata de un subproducto de una manera de ser y concebir el espacio de los propios gallegos. Y de sus alcaldes, a algunos de los cuales, en expresión que en absoluto quiere ser insultante sino tan solo inocuamente irónica, los carga el diablo.

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