Fitur

Cristóbal Ramírez

CARBALLO

El domingo se clausuró en Madrid la 37 edición de Fitur, la Feria Internacional de Turismo. Las ferias ya no son lo que eran, cierto, y la prueba es que los grandes países están ausentes desde hace años. Porque ahora existe algo llamado internet, páginas web, youtube… Así que son miles las personas que se llegan allí para verle la cara al cliente y establecer un contacto personal, para salir en los medios y para el postureo, mucho postureo.

Pero de ahí a plantarse con las manos vacías hay un abismo. Viveiro defendió su Semana Santa, como Ferrol, Valdoviño emocionó con el Pantínclassic, los cuatro alcaldes de la ría de Muros y Noia aseguraron que era la mejor de Galicia, el de A Coruña soltó una larguísima perorata donde habló de todo -le faltó decir que tenían autobuses y luz eléctrica-, pero se batió el cobre por su ciudad, Oroso llevó unas cuidadas postales sobre el Camino Inglés que se sumaron al material que presentó la Diputación, con Antonio Leira al frente, sobre esa ruta jacobea…

¿Qué es lo que vendió Santiago? Nada. Su presencia se redujo, en realidad, a dos actos. En el primero comunicó que había firmado un convenio con la línea aérea Lufthansa. Comentario de dos responsables de las Canarias: «Oye, si nosotros hacemos algo así, con la cantidad de convenios que firmamos, nos comemos Fitur». Comentario de otro responsable turístico, este de Asturias: «Esto se firma en un despacho y se manda un mail a los medios, o todo lo más se convoca una rueda de prensa local». ¿Y el segundo acto? Pues el alcalde fue a Madrid… ¡a recoger un premio! ¿De verdad la ciudad no tenía nada que ofrecer en la segunda feria de turismo del mundo?