Entre la torpeza y la maldad


No va más. España sigue siendo ingobernable. Y no sé usted, pero yo no he notado nada. Ni hay saqueos en los centros comerciales ni grupos de simios a caballo por las calles -salvo en Tordesillas-. Sin embargo los medios se llevan las manos a la cabeza preocupadísimos porque no hay nadie que lleve las riendas del país. A las portadas del día siguiente del no a Rajoy les faltaba un crespón negro, pero ¿quién puede culpar a Sánchez? En su infinita torpeza o maldad, el presidente del Gobierno en funciones se tira un farol digno de un tahúr loco y prepara las presuntas terceras elecciones coincidiendo con el día de Navidad para chantajear así al socialista diciendo que si los españoles tienen que votar de resaca será culpa suya. Por fortuna ahora se raja, porque lo que consideraba una jugada maestra no ha valido para nada y tampoco va a ser cuestión de cargarse las vacaciones de Navidad, las suyas claro.

Poco más podemos sacar de esta investidura que no sea mentar otra torpeza de nuestro ilustre presidente en funciones cargándose el secreto de estado del Gobierno colombiano sobre la firma del tratado de paz con las FARC; el ridículo del inefable Rivera diciendo que por España está dispuesto a perder su credibilidad -mejillas de adamantium-, o la catarata de siete minutos que el independentista Rufián hace caer sobre ambos sin paraguas ni nada. Poco más excepto que José Manuel Soria, ese de los papeles de Panamá, ha sido propuesto para un cargo en el Banco Mundial por este gobierno en funciones. Boom! In your face! Suspiren.

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