Jubilación

Cristina Viu Gomila
Cristina Viu LA ATALAYA

CARBALLO

Elisa González está a punto de cumplir los 80 y se resiste a jubilarse. Su trabajo, por lo que dicen policías y jueces, consistiría presuntamente en suministrar droga, en pequeñas dosis, para atender una demanda que no baja. Se trataría de un supermercado de estupefacientes que no quiebra ni cuando la jefa no puede atenderlo. Solo han pasado 9 meses desde su último arresto y, por lo que se ve, la Guardia Civil ya la estuvo vigilando desde que salió. Su encierro no dejó desabastecido el mercado y los que quisieron pudieron seguir consumiendo según necesidades y medios.

Toda esta situación tiene todo el aspecto de una convención establecida, que no es del gusto de las partes, pero a la que se pliegan porque no tienen otro remedio. La Guardia Civil sabe que cuando Elisa salga de la cárcel, posiblemente volverá a su negocio y ella tal vez tenga claro que pronto o tarde (de ser así) la volverían a detener. Así llevan años y la situación solo cambiará de nombre, porque cuando muera otro la sucederá.

Hay mucha aceptación en esta historia, cada cual hace su papel y conoce el del otro. Se trata de continuar con la labor.

Los agentes tienen algo de Sísifo, el rey de Corinto que según la mitología fue condenado a empujar por una cuesta una roca que cuando llegaba a la cumbre rodaba hasta abajo. Sísifo fue castigado por intentar engañar a los dioses, que lo convirtieron en el eterno trabajador. No es el caso de la Guardia Civil, que se ve obligada a repetir el procedimiento una y mil veces con los mismos resultados. Debe ser muy descorazonador saber que el esfuerzo no tendrán el debido éxito. ¿Solo queda conformarse?