En las crisis, de cualquier tipo, son los débiles los que se quedan atrás.
No hay más que andar por la calle, por las áreas comerciales, para darse cuenta de que las tiendas que prosperan son las más baratas o las más caras. El término medio desaparece cuando las cosas vienen mal dadas.
El papel de la Administración debería ser el de actuar de equilibrador, incluso por la cuenta que le tiene, porque en caso contrario pasa lo que ha ocurrido en Grecia.
En la escuela tiene que atender a los más débiles, ayudarles a integrarse en un sistema muy imperfecto.
Hasta ahora, más o menos, Educación hizo lo que debía. Cuando hay dinero y medios hacerlo bien es bastante fácil. En los momentos difíciles es cuando uno puede demostrar que, efectivamente, se saben hacer las cosas. Sin embargo, está claro que no saben. No sé si no pueden, pero tengo claro que no quieren.
El programa Proa, pensado para los alumnos que tienen más dificultades de aprendizaje, empezaba todos los años en octubre, casi con el curso, para que el refuerzo surtiera efecto en junio. Este año no ha empezado. El Proa supone contrataciones y por ahorrarse unos sueldos son capaces de dejarse en la cuneta a escolares que podrían haber salido adelante. Muchos no lo conseguirán. Serán chicos y chicas sin futuro que, seguro, acabarán costando más a la Administración. Por unos sueldos no serán lo que podrían haber sido.