La devoción y la diversión libraron su batalla en el mar

Á. Palmou CARBALLO / LA VOZ

CARBALLO

JOSE MANUEL CASAL

Decenas de barcos participaron en la procesión de Camariñas, que visitó Muxía y Merexo

17 jul 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Como si de contendientes de una batalla festiva -condenada a repetirse en el tiempo y a acabar siempre en tablas- se tratara, la devoción y la diversión volvieron a coincidir ayer en las aguas de Camariñas para mostrar las dos caras de las fiestas del Carmen.

La solemnidad del apartado religioso de esta cita, de significado muy especial en cualquier pueblo que mira al mar, convivió sin problemas con el desenfreno de unas fechas pensadas también para olvidarse de los problemas del día a día y entregarse al disfrute.

Por eso no resultó extraño comprobar como en el Lago Dos, la embarcación capitaneada por Carlos Campaña Carril que se encargó este año de llevar a la Virgen en la procesión marítima, se enrolaron, además de la Banda de Música de Abegondo al completo, tanto devotos dispuestos a hacer guardia junto a la imagen durante toda la travesía como animosos jóvenes cuyo mayor indicio de interés por las figuras religiosas fue su empeño por mantenerse surtidos en todo momento de San Miguel.

Esta dualidad de la celebración, que había arrancado sobre las nueve y media de la mañana con los primeros pasos de los vecinos que mantienen viva la tradición de la Danza de Arcos y que prosiguió después en el muelle con la misa de campaña, quedó también patente en los movimientos de la flota -compuesta por decenas de embarcaciones- que acompañó a la Virgen en su tradicional recorrido de ida y vuelta hasta la localidad vecina de Muxía.

Los ritos de la travesía

La integridad del grueso de la comitiva encabezada por el Lago Dos fue rota repetidamente por motos de agua y pequeñas embarcaciones capitaneadas por el ambiente festivo.

Pero esto no impidió que a la hora de cumplir con uno de los momentos más solemnes de la procesión -la ofrenda floral frente al puerto de Muxía- unos y otros se sumasen por igual al reconocimiento y el recuerdo de los fallecidos en el mar. Eso sí, una vez que la flotilla hubo hecho su tradicional incursión en la dársena de Muxía, donde la aguardaban centenares de personas, y visitado el puerto de Merexo, donde el sonido de las bocinas de los barcos fue saludado con bombas de palenque, el trayecto de regreso se convirtió casi en una carrera por llegar antes a puerto, desembarcar sin listas de espera y entregarse a los siguientes actos de la jornada.

En los barcos, engalanados con banderolas, ramos y flores, se pudieron ver también las enseñas de Galicia con la imagen de la Virgen confeccionadas y comercializadas por la comisión para ayudar a pagar los gastos de estas fiestas, cuyo coste total ronda los 100.000 euros. Pero también aquí asomó el lado más gamberro de la celebración con la presencia en algunos mástiles de banderas de clubes de fútbol (Real Madrid y Arsenal), e incluso de la calavera cruzada por las dos tibias. Piratas o no, la procesión marítima concluyó sin abordajes y con muchos rostros de emoción, satisfacción y ganas de seguir disfrutando de unas fiestas que se prolongarán hasta el sábado y en las que esa combinación entre devoción y diversión seguirá dando muestras de una sana convivencia.

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