El jueves por la mañana visitarán Muxía técnicos de Patrimonio con el cometido expreso de analizar en que situación están los retablos laterales de la basílica, toda vez que el mayor se perdió por completo, y determinar cuáles son las mejores opciones para su recuperación.
Además de estas obras, hay algunas más, que se salvaron del incendio, con mayor o menor fortuna, y que esperan también en el Salón do Voluntariado.
Los miembros de Protección Civil encargados del traslado trataron con especial mimo una de ellas, un cuadro de gran formato pintado por el artista barroco Domingo Uzal, que representa al conde de Frigiliana postrado de rodillas ante la Virgen para agradecer la curación de una enfermedad.
A juicio del historiador Manolo Vilar, presente en el momento en el que cuadro llegó al improvisado almacén, y también de otros estudiosos, esta es la pieza de mayor valor de las que había en el templo, al margen del retablo de Romay.
Junto a él hay otros muchos bienes, desde confesionarios de castaño de los años 50 y 60 hasta un piano, una docena de tallas, numerosos bancos y portavelas automáticos, que funcionan cuando se les introduce una moneda y cuyos plásticos quedaron completamente retorcidos.
Sin embargo, la que más destaca por su condición de testigo de la catástrofe es un reloj de pared de factura bastante modesta parado en las 08.32 horas, el peor momento del incendio.