Formas de echarle la mano en el bolsillo al ciudadano

CARBALLO

La subasta de Facenda quedó desierta. Nadie quiso los cuadros de Julio Pujales, obras de arte valoradas en su día en casi un millón de euros por los que ni siquiera han ofrecido un céntimo. El caso semeja un esperpento que ni Valle Inclán se hubiese atrevido a firmar. ¿Contra quién se dirigirá ahora la Administración para exigir la devolución de una ayuda de 80.000 euros cuya finalidad se ha cumplido al 100 %? El único museo de arte contemporáneo de la Costa da Morte, levantado con la generosidad y el esfuerzo de la Fundación Torre Pujales y sus colaboradores, puede quedar en nada si Facenda persiste en su empeño. Tal vez la subvención más útil de todas las concedidas tiene un final desesperante. Aquí parece haber demasiada afición a aplicarle el rodillo de la ley al pie de la letra solo a los más pardillos, a los que se presentan ante los poderes públicos como corderos. Los raposos y los lobos siempre salen indemnes. Mientras el dinero de los GAC se invierte en proyectos de sibaritismo tecnológico de escasa o nula utilidad, la fundación Torre Pujales, que ha levantado un santuario del arte en Corme, se ve sometida al embargo más inmisericorde por haber incumplido un plazo. Mientras, el otro dinero de Europa se diluye en códigos QR que nadie consulta y similares, al tiempo que los cuadros de Lugrís son carcomidos por la humedad y los restos romanos, visigodos y medievales de Moraime, y que son de gran relieve, permanecen decenios y decenios expuestos a las inclemencias del tiempo y los furtivos del arte porque ninguna Administración eficaz se ocupa de restaurarlos y ponerlos en valor para que atraigan por sí mismos a todos esos turistas, estudiantes, peregrinos y visitantes con los que se gasta tanto dinero en ingenios digitales.

Impuestos

Están los alcaldes muy incomodados por el incremento de la tasa de Sogama. Unos dicen estar dispuestos a hacer frente con los recursos municipales al aumento. Así, los ciudadanos pagan igual, pero por vía de otros impuestos, lo cual viene a ser lo mismo. De este modo, los regidores que apliquen esta medida le están echando igual la mano en el bolsillo al ciudadano pero sin que se entere. No le cobro el aumento de la basura, pero tranquilo que se lo cargo a través del IBI, el IVTM, el IAE o cualquier otra sigla con la que los organismos públicos sacuden el caudal de los ciudadanos. Si al final hay que pagar la factura de la basura, por qué no cobrársela directamente al que tira la bolsa en el contenedor. Es evidente que los mandatarios no tienen la culpa del incremento de la tasa, pero sí es labor suya mejorar la gestión de los residuos, reducir su producción y su coste y aumentar el reciclaje. En los años de bonanza no se hizo nada y ahora llega la crisis y los coge a casi todos desprovistos de soluciones. Es la política de ir arrastro tras los acontecimientos. Mientras Sogama se tragó la basura con costes asumibles no se hizo nada y ahora vociferan contra la triste realidad.