Once delegaciones internacionales participan este año en la Mostra de Camariñas, en la que realizan talleres para enseñar sus técnicas
29 mar 2013 . Actualizado a las 07:00 h.«Soy la más veterana de la Mostra», dice con orgullo la italiana Marelli Ernestina cuando alguien se acerca por su estand de la Mostra do Encaixe de Camariñas. Comenzó a participar en la feria hace ya 22 años y asegura que todavía le sorprenden, muy gratamente, todas las novedades. «Venir a Camariñas es como abrir una ventana al mundo», asegura la palilleira de la delegación de Novedrate, una de las once extranjeras que este año participan en la cita camariñana, donde intercambian patrones y aprenden nuevas técnicas. Y, sobre todo, sorprenden a los visitantes, acostumbrados a las clásicas almohadas de las palilleiras gallegas. Las de las artesanas de Polonia, Inglaterra, Suiza, Rusia, Portugal o Hungría, en cambio, adoptan todo tipo de formas singulares. Pero el resultado es muy similar: bellas puntillas que, en la mayoría de los casos, como ocurre en la Costa da Morte, elaboran por el mero placer de hacerlas. «Como aquí, en Italia no se gana nada con el encaje», explica Ernestina, que dirige una escuela de bolillos en Novedrate.
Quien también conoce ya Camariñas es la Iva Proskova, de la República Checa. Ella participa en la Mostra do Encaixe desde hace cinco años y en esta ocasión está impartiendo talleres en los que enseña a elaborar collares de encaje, como los que adornan su estand, junto con coloridos y grandes sombreros. Cuenta que en Praga, como en Camariñas, las artesanas se inclinan por el blanco para sus puntillas, pero que cada vez son más los diseñadores que les piden piezas de color. En su país, cuenta, están triunfando los cuadros con aplicaciones de encaje, una moda que también tiene mucho éxito en Bulgaria, tal como apunta Delyana Peeva, otra de las participantes internacionales de la Mostra. Peeva representa a las palilleiras de Kalofer, donde el encaje, explica, fue introducido desde Bélgica hace unos cien años. En el estand de la delegación búlgara los visitantes se sorprende, como en la zona de las representantes suizas, con cuadros de colores. De hecho, en opinión de Delyana, la técnica del palillo es muy apropiada para los cuadros, por eso en su caso centra sus esfuerzos en elementos decorativos, más que en manteles o ropa de hogar.
Cuenta que antes de la Segunda Guerra Mundial, las mujeres de Kalofer sacaban un gran beneficio económico y podían vivir del encaje, pero actualmente se trata «de un arte y atracción turística». La artesana búlgara, que se siente muy orgullosa de haber sido invitada a la Mostra, participa este año en el desfile de las delegaciones extranjeras y también ha elaborado algunos de los encajes que la joven diseñadora ceense Jessica Coiradas Caamaño ha utilizado en su colección.