Una multitud participó en la procesión que recorrió las calles pobrenses
19 sep 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Hace falta devoción, y mucha, para aguantar un recorrido de tres horas descalzo, abriéndose paso entre la muchedumbre y portando un ataúd. Por eso, tiene tanto mérito que, año tras año, la participación en la procesión del Nazareno de A Pobra no solo se mantenga sino que incluso vaya a más. La cifra de 50.000 asistentes dada por la Policía Local en ediciones anteriores se queda corta para cifrar a los fieles que ayer recorrieron las calles de la localidad arropando al Divino Nazareno.
La impaciencia se evidenciaba en quienes aguardaban a ver la salida del santo a pocos metros de la iglesia, pero el murmullo y los empujones cesaron en cuanto apareció la imagen custodiada por los marines de la Escuela Militar de Marín. La emoción se evidenciaba, entre la lágrimas de los asistentes, a cada paso de la procesión y nadie quería dejar de ver al Divino Nazareno. Incluso, hubo momentos en que los devotos intentaron tocar al Nazareno, o alzaron en el aire a sus pequeños para que ellos lo hicieran.
Hábitos y velas
A alguien que acude por primera vez al espectáculo que supone la procesión pobrense, le sorprende, de entrada, la cantidad de personas que se ofrecen al santo pidiendo su intercesión, tanto mayores como jóvenes. En cada esquina de las calles de A Pobra podía verse a personas vestidas con un hábito morado, y resultaba imposible contar a los que siguieron el todo recorrido descalzos cumpliendo alguna promesa hecha al Nazareno.
Y mientras unos rogaban al santo, otros le agradecían su intervención para alejarlos de la muerte portando los ataúdes que podrían haber sido su último lecho. En esta ocasión, eran ocho los féretros que participaron en la procesión de As Mortaxas, cuatro de adultos y otros tantos de niños pequeños.
De regreso al templo, el Nazareno fue recibido con aplausos.