Los ladrones campan por Rus

Juan Ventura Lado Alvela
Juan Ventura Lado CARBALLO/LA VOZ.

CARBALLO

El vecindario de varias aldeas de la zona alta de la parroquia sufre el acoso periódico de delincuentes que hurtan sus bienes

23 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Las aldeas de O Outón, Alborís, Vilar de Cima, Calvos y Portopaio, entre otras muchas, tejen una compleja red de pistas, jalonadas de eucaliptos, y salpicadas por casas de labradores, que le dan forma a la Alta de Rus (Carballo). En esa telaraña de caminos, además de los lugareños, los repartidores de pan y los veterinarios rurales, cada vez es más frecuente el tráfico de furgonetas sin destino conocido y con unos ocupantes que no son precisamente del agrado de los vecinos. «Veñen por aquí e andan mirando. Se che ven, pídenche unhas patacas ou algo. Despois vanas tirar en calquera sitio, porque o que andan é controlando», señala un granjero de O Outón, que no dudaría en emplear la fuerza si ve amenazadas sus pertenencias. «Ou eu ou eles», añade. Esos «eles» a los que se refiere son varios grupos familiares de amigos de lo ajeno, que aprovechan cualquier despiste de los vecinos para entrar en sus propiedades y apoderarse de lo que encuentran a mano. La variedad de bienes sustraídos va desde las patatas sembradas en el campo, hasta las crías de las ovejas, pasando por los árboles frutales recién plantados.

Los afectados dan cuenta de decenas de casos ocurridos en los últimos años, algunos hace solo dos semanas. «Aquí isto pasou sempre e seguirá pasando porque non lle poñen man, pero o caso é que cada vez vai a máis», comenta una jubilada de Alborís.

Preocupados

Más que por el número de veces que les han robado y por la cuantía de lo sustraído, los vecinos se muestran preocupados por la actitud de los delincuentes, que no sienten ningún reparo a la hora de actuar a plena luz del día e incluso con los propietarios dentro de las casas. Sin ir más lejos, a principios de este mes, un empleado de una carpintería metálica, tuvo que regresar a casa desde su trabajo en Anxeriz para que los potenciales ladrones desistieran de entrar en su casa de O Outón. Antes, las vecinas del lugar habían tratado de ahuyentarlos sin éxito hasta en tres ocasiones.

La posición de los damnificados en su gran mayoría denota una cierta resignación. De hecho, ni siquiera han presentado denuncias ante las fuerzas de seguridad «porque se non miran por cousas máis grandes tampouco penso que vaian mirar por isto», señala un ganadero retirado al que le han sustraído animales en más de una ocasión.