La difícil tarea de volver a empezar

CARBALLO

El pasado mes de febrero los propietarios de una explotación en Ozón perdieron cerca de mil animales, ahora tratan de rehacerse sin ningún tipo de ayuda pública

05 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Asegurar una explotación ganadera tiene un precio. Haber contado con ese servicio en el caso de la explotación ganadera de Ozón que ardió el pasado 13 de febrero hubiera salido por 3.500 euros anuales. Pero no solo eso. Además, para poder firmar por esa cifra, tenían que poner alarma, rejas en las ventanas y un sistema contraincendios en todas las naves. Lo cuenta Sandra Paz Lema, hija de José María Paz, propietario de la explotación ganadera dedicada a la cría de ganado porcino para carne situada en el lugar de Cebráns. Hoy, con esas tarifas y esas condiciones, cuenta, siguen sin seguro y seguirán sin él, porque si antes no llegaban los beneficios para pagarlo, ahora, con 997 animales menos, es aún más difícil. El incendio se desató de madrugada. La granja se encuentra situada en un lugar solitario y las llamas nunca llegaron a ser muy visibles. El humo, de noche, es difícil de percibir. Tal vez por eso los vecinos de Ozón no se dieron cuenta de nada. Tal vez un cortocircuito o cualquier otro problema con algún aparato eléctrico desencadenó la tragedia. Cuando José María Paz y su mujer fueron a la mañana siguiente a la explotación para empezar a trabajar se encontraron con la macabra sorpresa ante sus ojos. A esas alturas ya ni valía la pena llamar a los bomberos porque las llamas ya se habían marchado tras rematar su destructor trabajo. Solo quedaba humo y un desolador panorama de animales muertos en una de las naves de las instalaciones. El accidente supuso para la granja la pérdida de más de un tercio de todos los animales. Esperanzas Tras el fuego y el inmenso disgusto llegaron las palabras de aliento, las esperanzas en la consecución de ayudas públicas para paliar, por lo menos un poco, aquella tragedia y la solidaridad de los vecinos. En aquellos días duros los vecinos se volcaron y fueron muchos los muxiáns que se acercaron a Ozón a colaborar desinteresadamente en la limpieza de los restos. El aire posbélico del primer día fue dejando paso a un aspecto distinto de las instalaciones. Los animales calcinados y renegridos que al principio se acumularon, en una respetable montaña, en una explanada, acabaron desapareciendo. Para eso, explica, Sandra Paz, sí tenían seguro, porque si no el palo hubiera sido mayor. Los 1.500 euros al año que la explotación familiar paga por la retirada de animales muertos tuvo su utilidad. Eso sí, ni en su peor sueño vislumbraron que algún día los camiones tuvieran que llevarse, en un solo día, a casi un millar de cerdos. Vecinos y Ayuntamiento ayudaron a limpiar, pero después fue el turno de buscar soluciones. La familia las buscó activamente. Cuenta Sandra Paz que fueron a Santiago a recorrer consellerías en busca de alguna opción para poder rehacerse. Pero el viaje acabó en viacrucis. Las peticiones no encontraron opción alguna para hacer frene a la catástrofe. La posibilidad de conseguir ayudas se esfumó al poco tiempo. «Ninguén che saca as castañas do lume», lamenta Sandra Paz, que recuerda con amargura que para pedir el voto, los políticos sí aparecen ofreciendo de todo. Para poder poner el negocio a funcionar, el matrimonio tuvo que dejarse buena parte de la vida. Como tantos otros vecinos, hicieron un día las maletas y se fueron a otro país con mejores perspectivas que España en busca de trabajo. En su caso, el destino fue Alemania. Allí estuvieron muchos años trabajando duro y ahorrando todo lo que pudieron para volver a casa con alguna posibilidad. Inversiones Todos sus ahorros los invirtieron, hace 20 años, en la granja de cerdos de Ozón. Y el negocio se puso a andar, pero tampoco fue cosa fácil. La última inversión la realizaron el pasado mes de septiembre: 40.000 euros para modernizar la explotación. Un gasto necesario para poder vender y competir. Como también es necesaria la compra de piensos para alimentar a los animales, y el pienso es un producto que en los últimos años no ha dejado de subir de precio. Los cerdos, además, tienen saque a la hora de comer. Cuenta Sandra Paz que el pienso lo compran por camiones, y que cada camión les cuesta 12.000 euros, cantidad que los gorrinos liquidan en dos semanas y a veces en menos tiempo. La granja sigue adelante tras el incendio. No murieron todos los animales. Aún viven allí cerca de 1.500. «¿Que van facer os meus pais?, ¿coller a maleta a súa idade?», se pregunta Sandra Paz. Así que tiran como pueden. Los problemas, intuyen, no se presentarán ahora, sino en un futuro próximo. Ellos se dedican a la venta de animales de seis meses de edad para carne. El incendio mató a todas las crías y a las cerdas preñadas, por lo que no tienen ejemplares de relevo. Cuando acaben con los que tienen, deberán esperar otros seis meses para tener más que ofrecer a las empresas cárnicas. Y durante esos seis meses no habrá nada que vender, pero sí muchas bocas que alimentar. A los seis meses, los dueños les suman otros seis para recuperar el nivel anterior. Será un año muy difícil y hasta se plantean que, a lo mejor, no les queda otra que echar el cierre. No es el único problema. El 13 de febrero pasado no solo murieron animales. También se quemaron instalaciones importantes, como las estancias que tenían destinadas a la parto de las madres. Quedaron calcinadas. El presupuesto para volver a ponerlas en funcionamiento asciende a 30.000 euros, y eso sin ninguna ayuda pública. Así las cosas, a la familia le queda arrimar el hombro y trabajar como pueda, contra viento y marea, para seguir adelante. El panorama no es alentador y el futuro se presenta, por ahora, tan negro como el humo que le dio aquel día un hachazo a sus vidas.