Las cunetas recuerdan a los que dejaron su vida en la carretera

CARBALLO

Numerosos ramos de flores marcan los lugares exactos?en los que se produjeron accidentes de tráfico con víctimas

03 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Las carreteras de la Costa da Morte son una trampa mortal. Cientos de personas se han dejado la vida en su asfalto y sólo en lo que va de año fueron el macabro escenario de 20 accidentes de tráfico que costaron la vida a 23 personas, ocho de las cuales tenían menos de 30 años. Una cifra que ya forma parte de las estadísticas oficiales, pero, sobre todo, de la historia de las familias que han sufrido las tragedias. Ayer, día de Difuntos, y el jueves, de Todos los Santos, esos familiares, como muchos otros vecinos de la Costa da Morte, visitaron los cementerios de la comarca para dejar flores ante las tumbas de sus seres queridos, pero, además, muchos de ellos depositaron ramos en las cunetas en las que sus hijos, maridos, padres o simplemente amigos se fueron para siempre. Una forma más de recordar a aquellos a los que querían y, sobre todo, una dura manera de que los que pasen por el lugar no olviden que en esos puntos deben moderar la velocidad, extremar las precauciones y hacer todo lo posible para que las fatales estadísticas de accidentes de tráfico en la Costa da Morte no sigan creciendo de forma imparable.

Un paseo por la AC-552 servía para comprobar que la comarcal, además de ser la arteria principal de la comarca, ha vuelto a convertirse en el escenario de demasiadas tragedias. A su paso por el término municipal de Coristanco, por ejemplo, esta misma semana depositaron varios ramos de flores. Al final de la recta que recibe el agorero nombre del Mutilado, en la curva da Casilla, colocaron dos rudimentarias cruces de madera y varios ramilletes que marcaban el lugar exacto en el que el pasado 5 de julio fallecieron Yago Otero Rodríguez, de 24 años y vecino de A Coruña, y Roberto Ferreiro Galván, de 34 y residente en Santiago.

Contra un tráiler

Ambos perdieron la vida después de que el vehículo en el que viajaban, un Mercedes 300, chocase contra un tráiler cargado de bombonas de butano. Cuatro horas tardaron los miembros de Protección Civil de Coristanco y los bomberos de Carballo en excarcelar los dos cuerpos. Sus familias, entre ellos el padre de Yago, Francisco Otero Sánchez, que resultó herido en el accidente, nunca olvidarán aquella fatídica tarde.

También en Coristanco, muy cerca de la rotonda del Carrefour, puede verse un colorido ramo de flores, quizás para recordar a Élida Milán, la anciana de 83 años que el 11 de enero murió arrollada por una furgoneta de reparto e inauguró la crónica negra de los accidentes del 2007.

Tampoco olvidan los familiares y amigos de Mario Lema Montes, Iván Lema Pose y Francisco Lema Charlín, los tres jóvenes de Borneiro (Cabana), de 19, 17 y 18 años, que se dejaron la vida en un accidente de tráfico ocurrido en junio del año pasado en la recta de Fornelos, en la carretera que une As Grelas y Baio. El Ford Fiesta en el que viajaban arrancó varios metros de guardarraíles y un poste de la luz de hormigón, que se empotró en el techo del vehículo y acabó partido en cuatro trozos a varios metros del lugar en el que se encontraba. El coche quedó irreconocible y sólo se salvó uno de sus cuatro ocupantes, Víctor Lema Nantón.

Desde entonces, tres ramos idénticos recuerdan a las víctimas junto al mismo quitamiedos contra el que se empotraron.

Un simple paseo en coche por la Costa da Morte sirve para seguir viendo este tipo de recordatorios, pruebas coloridas de que las carreteras de la comarca se han quedado con demasiadas vidas. Y sus familias no pueden olvidarlo.