Mientras la Xunta estudia el informe recibido del Concello de Vimianzo para poder dar el visto bueno a las obras de Ogas, y Patrimonio se esmera en la redacción de otros documentos más sobre si hay o no hay afectación en el yacimiento de As Barreiras por las actuaciones llevadas a cabo sobre él por maquinaria pesada, en Vimianzo ha comenzado la caza de culpables. Durante los últimos días se ha podido asistir a un cruce de acusaciones entre partidos por los problemas surgidos en el castro.
Abrió el fuego la Xunta al decir que faltaba un informe de Patrimonio necesario para poder acometerse cualquier tipo de obra en el entorno de un bien inventariado. Desde ese momento comenzó la lucha entre las agrupaciones políticas locales.
Desde el PP emitieron un comunicado exigiendo responsabilidades. Por un lado cargaron contra el BNG por la falta de inversiones de la Consellería de Cultura para el mantenimiento del patrimonio cultural municipal. También arremetieron contra el bipartito, aprovechando que las obras las subvencionaba Política Territorial (PSOE) y las paralizaba Patrimonio (BNG), acusando al Gobierno gallego de descoordinación. Ahí se centró el grueso de la artillería popular, pasando más o menos de puntillas sobre posibles responsabilidades del gobierno local.
La respuesta del BNG se produjo al día siguiente. Porque para los nacionalistas lo que está claro es que el deterioro del patrimonio local tiene dos responsables: por un lado los 20 años de mando del PP en la Xunta -el bipartito queda exonerado de culpa, según los nacionalistas- y por otro el alcalde, Alejandro Rodríguez, en última instancia responsable de permitir que se empezaran unas obras sin los informes que exige la normativa.
Pero el BNG también midió sus ataques a la responsabilidad municipal: sí es culpable el alcalde, por un lado, pero por otro alaban la propuesta de la edil -socialista- de Cultura, Nieves Lema, de poner en marcha un campo de trabajo para recuperar el castro. Y de paso aportan ideas para desarrollar esa iniciativa. Mientras tales acusaciones van de un bando al otro, el alcalde guarda silencio y los socialistas locales admiten cierta descoordinación entre Administraciones, pero sin apuntar a nadie.
Y mientras tales cruces dialécticos se producen en Vimianzo, en la Xunta no ponen día para decir si hubo o no problemas en el castro, algo que, después de que sobre la parcela allanase el terreno maquinaria pesada, caben no demasiadas dudas.
No será la primera vez que el yacimiento de As Barreiras sufra las consecuencias de unas obras sobre su estructura. Con la última ya van tres. En todos los casos se ha generado cierta polémica y las espadas se han mantenido en alto, con expedientes, acusaciones y búsqueda de culpables. Pero lo cierto es que el tiempo sigue corriendo el casco que todos quieren proteger y de cuya pérdida acusan siempre a otros, sigue enterrado sin que jamás se haya invertido ni un sólo euro en la realización de excavaciones o estudios. Hasta la señal que indica su presencia está deteriorada.
Mientras se busca un culpable, el castro de Ogas sigue acumulando heridas con pocos visos de mejorar un día.