ARA SOLIS | O |

18 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

PODRÍA SER el título de una película futurista. Para ese año seguramente ya no existirán los teléfonos fijos, los móviles serán potentes ordenadores que nos permitirán trabajar en cualquier sitio, las teles de tubo serán piezas de museo y las antenas de toda la vida habrán dejado sitio a la imagen digital por cable. Si es que existen los cables. Seguramente en ese año habrá cobertura inalámbrica en muchos sitios, y es incluso probable que el AVE se desplace por Galicia a velocidades medias. Los niños que nazcan dentro de dos años celebrarán en el 2018 su primera comunión, y los que hoy andan a vueltas con sus estudios de primaria y juegan en los columpios de los jardines con sus amiguitos, tendrán mozas y mozos y pasarán sus primeros exámenes en la Universidad, si es que llegan a ella. Por esas fechas habremos tenido no sé cuantas elecciones de variado tipo hasta posiblemente cambios de Gobierno para uno u otro lado. El petróleo irá en el 2018 por las nubes, pero los coches consumirán mucho menos porque la mayoría serán híbridos y funcionarán también con electricidad. Será, sin duda, un mundo nuevo, distinto del que conocemos ahora. Los paisanos que sacan a las vacas con el paraguas colgando del cuello de la camisa se habrán convertido en contadas curiosidades etnográficas. Los pescadores se habrán reconvertido en gran parte a la hostelería y el marisco que crece en las playas procederá de laboratorios. El rodaballo salvaje será una especie en extinción y los turistas que viajen al espacio dejarán de ser noticias. A lo mejor hasta encontramos vida inteligente en el espacio exterior. Pues será entonces, en el 2018, cuando la Xunta se plantee si las necesidades del tráfico aconsejan construir una autovía entre Carballo y Fisterra. Así, para cuando la acaben, la Tierra será ya un planeta distinto, y muchos de nosotros ya ni estaremos aquí para verlo. Ni harán falta autopistas.