ARA SOLIS | O |
11 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.POR ESTAS fechas, como es tradición antes de unas elecciones, se promete con largueza. Cerca de medio centenar de candidatos se disputan los bastones de mando en la comarca. De sus labios saldrán asuntos de todos conocidos: quienes optan al cargo desde el cargo mismo rememoran estos días las inversiones hechas. Y todo entra: desde un gran edificio hasta el último bacheado, y recuerdan que ese es el camino y que necesitan el apoyo de los vecinos para acabar un trabajo que no se resuelve en dos días. Los otros, los aspirantes, suelen ofrecer variaciones de la misma melodía: el pueblo -el de turno- no deja de perder población, por eso hay que parar la sangría y poner en marcha inversiones de futuro para que los jóvenes no tengan que emigrar y la comarca despegue. Se puede seguir definiendo el discurso, pero no vale la pena porque es, más o menos, el mismo de hace cuatro, ocho, doce años. Más allá de las buenas intenciones de los aspirantes -algunos sin duda las tienen- en estos días vale la pena acercarse a los discursos de cada uno con una perspectiva literaria. De otro modo, se corre el riesgo de quedarse dormido. Los hay de verbo florido, los hay firmes, los hay estoicos. Mirando el estilo se ve al candidato, y así, de paso, se aburre uno menos.