Reportaje | Adiós a las conducciones de O Ézaro La retirada de las canalizaciones de agua desde de la ladera del monte dumbriés es una vieja reivindación que choca ahora con los defensores del museo eléctrico
02 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Los montes de Dumbría desde los que se divisan las mejores vistas de la ría de Corcubión llevan un siglo surcados por venas de acero. Las gruesas tuberías que transformaban el agua en electricidad se convirtieron en parte del paisaje. Eso sí, una parte poco querida de él. Ahora que por fin empiezan a retirarlas, son muchos los que ven las cosas de otra manera. Sobre todo porque no van a retirarlas todas, ya que algunas siguen sirviendo para producir electricidad -y grandes beneficios- para Ferroatlántica. Se van las más viejas. Alguna de las que se retiran fue instalada en los años 40, suministrando agua a la más antigua de las centrales, de principios del siglo XX. En el viejo edificio todavía se conserva la maquinaria de la época, y además, parece que funciona. Ese edificio parece destinado a convertirse en museo eléctrico, y allí llegaban tuberías que, suministrando agua, podrían mostrar el funcionamiento de una central de hace más de cien años a los visitantes. Uno de los defensores de la tubería es Fernando Castro Ézara, trabajador de Ferroatlántica y representante sindical, quien opina -a título personal- que el conjunto de producción eléctrica posee un alto valor museístico y etnográfico, y que pierde sentido sin las viejas conducciones de acero. De la misma opinión es Manuel Cives, candidato del BNG a la alcaldía de Dumbría. Y es que los cambios en O Ézaro no han dejado indiferentes a los vecinos de la localidad, que conviven con el mismo paisaje industrial de generación en generación. Las tuberías son parte de sus vidas. Y es que el paso del tiempo ha hecho que la explotación industrial del río Xallas se convirtiese en un extraño paisaje, entre natural y fabril, que constituye toda una antología de la generación eléctrica a lo largo de más de cien años. Aún se conservan los viejos túneles, excavados casi a mano, y los canales de piedra que conducían el agua a través del monte hasta la cámara de carga, en lo más alto, de donde partía, a través de las tuberías, hasta la vieja central. Aún es posible recorrer las entrañas del monte a través de esas instalaciones, en un recorrido que combina las impresionantes piscinas naturales del río con el óxido de viejas presas y la piedra de los embalses, de la época en que todavía se hacían en piedra. Todo eso sigue hoy allí y todo eso sigue hoy unido. Por eso algunos lamentan que se cercene una parte del viejo camino del agua. Por eso y porque no encuentran explicación a que se retiren unos y se conserven otros: o todos o ningunos, dicen en Ézaro. Desde ahora el monte seguirá surcado por venas poderosas, pero por menos.