La Costa da Morte de Liechtenstein

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Reportaje | Los emigrantes retornan de Centroeuropa

15 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

?n Liechtenstein, un país centroeuropeo de 160 kilómetros cuadrados (algo menos que Carballo) y 35.000 habitantes (algo más) viven y trabajan unos 450 españoles. De esta cifra, casi el 99% son gallegos, y de este porcentaje, más del 90% son de la Costa da Morte, si se estira un poco esta comarca hacia Mazaricos, Santa Comba o Tordoia. En Vaduz, que es la capital del pequeño Estado, una monarquía constitucional independiente desde hace 201 años, no hay centro gallego como tal. No es necesario: lo que hay en esta nación aún muy desconocida es el centro español Santiago Apóstol, fundado por un mazaricano, y que preside desde hace ocho años el muxián (de Ozón) Manuel Figueroa Rodríguez (45 años), que lleva allá lejos, a 2.000 kilómetros de su tierra, sobre el Rhin y entre las montañas de Suiza y de Austria, nada menos que 27 años. Manuel fue casi de la última hornada de emigrantes, comenzada hace unas cuatro décadas. Ahora ya no va nadie, y muchos de los que fueron, vuelven. El presidente calcula que el año pasado retornaron unas 60 personas, una cifra ridícula para otros países, pero un mundo porcentual para Liechtenstein. El regreso La edad, la mejora económica en Galicia y la posibilidad de cobrar en un único pago el llamado segundo pilar de las aportaciones para las pensiones (como en Suiza) son factores que empujan al regreso a casa. Y eso que la vida es buena, muy buena: clima agradable (15 grados, ayer), sociedad apacible, buenos sueldos, seguridad laboral, paisajes de ensueño, impuestos menores que la vecina Suiza -país del que depende en el ámbito internacional- e integración sin problemas, pese a que el idioma alemán, al principio, cuesta un poco. Los vaduzeños (el gentilicio de Liechtenstein se antoja complicado) identifican a la colonia gallega como españoles, aunque el conocimiento del Camino de Santiago les ayuda a concretar más. El centro Santiago Apóstol, cuyo local es municipal y por el que no tienen necesidad de pagar, sirve de nexo entre todos los residentes. Hacen buenas fiestas, a las que incluso han llevado a grupos de la zona, como sucedió con Nova Palma. Y también organizan charlas, o lo que se tercie. El caso es mantener la actividad o hablar de las cosas comunes: de la labor en las fábricas, en la construcción, en las conserveras. De las posibilidades de retorno. Tanto el presidente como su secretario, Juan Carlos Canosa, de Touriñán, tenían ciertas expectativas depositadas en la planta acuícola, y de hecho, Canosa y familia vendieron terrenos a Pescanova con las miras puestas en conseguir un trabajo, pero, al final, se han sentido desilusionados por cómo ha acabado todo este proceso.