Portela resucitado

| EDUARDO EIROA |

CARBALLO

NACIÓ CON la fuerza de quien promete futuras felicidades, pero como tantos genios, se fue quedando por el camino, despreciado por quienes no supieron entenderlo. El cementerio de César Portela murió de hambre. En el fondo, su corta vida respondió perfectamente al tópico español. Se sabe que en este país no se valora lo propio, lo que se hace bien. Se mira con indiferencia y hasta se humilla lo que más allá de nuestras fronteras provoca reverencias. Cuando pasen los años habrá que ocultar el sonrojante trato que recibió esa obra que figura en las mejores antologías de la arquitectura internacional. Como quien mira con asco un Velázquez plantado en su salón. Ayer, al cementerio le aplicaron una reanimación de última hora. El aire y la luz volvieron a entrar en sus instalaciones y hasta parece que volverá a la vida. Por fin podrá alojar a los muertos. El fin de la vida en el fin del mundo.