PUNTO DE VISTA | O |
14 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.A VECES construimos sueños y castillos en el aire con grandes dosis de pasión, sentimiento y emociones. Y en vez de guardarlos para nosotros mismos como fruto de nuestra creatividad, los proyectamos a la sociedad creyendo que el imaginario de un pueblo se nutre solamente de nuestras propias ilusiones. Tal vez sea un error o tal vez sea un acierto. Dado que no tenemos ninguna respuesta de antemano, quizás merezca la pena intentar hacer realidad los sueños. Si además los sueños dejan de ser privados para convertirse en iniciativas públicas, más vale aparcar la poesía y dedicar la razón, la inteligencia y el buen oficio a materializar el proyecto que haga realidad el ansiado sueño. Es mejor que Mahoma vaya a la montaña que esperar a que la montaña venga a Mahoma. En sus Cantares Gallegos , la romántica Rosalía de Castro escribió el poema Adiós ríos, adiós fontes . Estos versos nos los canta Amancio Prada, con una peculiar mezcla de nostalgia y tristeza de aquel mundo que se fue y nunca volverá. Algo parecido, salvando las distancias, a lo que Fleming refleja en su memorable película Lo que el viento se llevó, cuando Escarlata suspira por Tara. Envuelta en ese mundo fantástico de historia y de leyenda, con una grandeza real e imaginaria, también le decimos adiós a la Torre de Goiáns, como si el viento se la hubiese llevado. Pero si abrimos los ojos veremos que ahí está, como siempre estuvo y estará. Como la Puerta de Alcalá.