Apaña lo que puedas

| EDUARDO EIROA |

CARBALLO

LAS LEYES del mar van por su cuenta. Mucho se escandaliza el contribuyente normal de cómo funciona el mundo de la pesca y el marisqueo, pero es que las rocas batidas por el mar no son lo que se dice una oficina. Las normas tampoco son las mismas. No hay horario fijo ni paga extra ni nada. Desde hace siglos siempre se actuó siguiendo la misma norma: apaña lo que puedas. Esa regla se hizo especialmente peligrosa en la época actual, cuando las bombonas de oxígeno y las lanchas rápidas permiten hacer auténticas animaladas. Pero quién no duda en pasarse de la raya cuando el percebe se ha convertido en oro. Para ellos no es marisco. Esos bichos negros son dinero. Se trata de un problema serio para el futuro, porque los percebeiros tienen la suerte de tener el único dinero que crece naturalmente a su alcance. Si no empiezan a concienciarse, los billetes se acabarán esfumando.