ARA SOLIS | O |

31 mar 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

UN AÑO más, hoy se encarecen los peajes de la AG-55. Dos euritos cuesta ahora recorrerse la autopista de cabo a rabo. Casi 333 pesetas. Y ahora sí, ahora ya se puede decir que la carretera en cuestión además de mala es carísima. Antes era cara, ahora es un escándalo. Una vergüenza llena de curvas, peraltes suicidas, tramos trazados sin ton ni son y un asfalto que pronto se parecerá al de la AC-552. Y ya puestos, hasta el paisaje del recorrido es feo. Lo único positivo de la autopista es que en ella te sientes un poquito más seguro que en la vieja Coruña-Fisterra. Vamos, que en la AG-55 tienes un carril más para poder esquivar a los locos del volante y, además, no tienes que temer a los coches que te vienen de frente -salvo de noche, que parece que todos les gusta circular con las luces largas-. Y dicen que puedes correr un poco más. Digo que dicen, porque resulta surrealista que en algunas zonas de la autopista te limiten la velocidad a 80 kilómetros por hora. Y más alucinante es que en la mayoría de los tramos en los que te atreves a pisar el acelerador hasta los 120, tengas que, al mismo tiempo, rezar un padrenuestro, por si las moscas. Es decir, entre la AC-552 y la AG-55 apenas hay ninguna diferencia. Salvo en las siglas y en el precio de lujo que hay que pagar por la segunda, donde, además de tonto, te sientes apaleado. Desgraciadamente, ya de nada sirve quejarse. La autopista es un negocio y si quieres usarla, la pagas (dos euritos, 333 pesetitas). Y si no, te juegas la vida en una carretera tercermundista. Así las cosas, asumo que como usuaria diaria no me va a quedar más remedio que seguir rascándome el bolsillo. Pero, ya puesta a desembolsar cuatro eurazos diarios (ida y vuelta), al menos podrían presentarme a los ingenieros que la diseñaron y a los políticos que la aprobaron para decirles a la cara que lo que hicieron fue una chapuza.