Reportaje | Aniversario en el Cementerio de los Ingleses Con motivo de los 115 años del hundimiento del «Serpent» se plantea la necesidad de instalar en la zona un gran monumento para recordar a los que murieron en el mar
09 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Eran las diez y media de la noche del 10 de noviembre de 1890 y acababan de sonar las campanadas que marcaban el relevo de guardia a bordo del Serpent . Soplaba media galerna cuando el barco de Su Majestad Británica encalló en Puntado Boi, cabo Tosto, a pocas millas de la débil luz del viejo faro de Cabo Vilán que sólo fue avistado tras el golpe. De los 176 tripulantes sólo se salvaron tres: Gould, Burton y Luxon. Los dos primeros eran miembros de la guardia y estaban en cubierta, el tercero, Luxon, fue despertado del sueño en su coy por las voces y empujones de sus compañeros. Contra lo que se sigue afirmando el Serpent no era un buque escuela y a bordo no iba ni un solo guardiamarina. Era un crucero lanzatorpedos de tercera clase. Y da casi vergüenza ajena tener que decirlo, pero recientemente varios autores han repetido esta leyenda negra, no hay la más remota duda de que su naufragio tuviese nada que ver con los imaginarios raqueros que colgaban luces de los cuernos de las vacas de la Costa de la Muerte. Esa leyenda, común por otra parte a muchas costas del mundo y tardíamente importada a Galicia por el romanticismo decimonónico, recibió la documentada puntilla en lo que al siglo XIX se refiere con la aparición de Náufragos de Antaño . Defender esa patraña hoy es como defender que fueron los cantos de las sirenas o la orina de los nubeiros los que hundieron al Serpent . Después de todo, si actualmente hay miles de idiotas dispuestos a creer que los americanos no pisaron la luna o que ningún avión se estrelló el 11-S contra el Pentágono y a gastarse los cuartos en comprar la literatura basura que disemina estas sandeces, no puede uno asombrarse de que se sigan publicando libros y artículos sobre los naufragios provocados con falsas luces. Debate Las únicas cuestiones dignas de debatir sobre el Serpent son en qué medida su comandante escocés Harry Ross fue responsable de la tragedia por no haber lanzado la sonda como preveían las normas del Almirantazgo y como hizo frente a la misma costa a bordo del Lapwing la noche siguiente su valeroso amigo el comandante Galloway, o si la derrota del barco fue erróneamente estimada por Richards, su teniente de navegación, y si corrientes de fuerza inusual lo desviaron, o, como insistieron muchos antes y después de la corte marcial que investigó el naufragio, el hierro de las montañas gallegas pudo desviar las brújulas del navío. Aunque no ha sido el naufragio con mayor número de víctimas de la costa gallega, sí es el más recordado, por haber devuelto el mar, con cruel lentitud, casi ciento cincuenta cadáveres de los jóvenes marineros británicos que fueron enterrados por la población local encabezada por su enérgico párroco, Manuel María Carrera, en el Cementerio de los Ingleses. Cementerio que preexistía al Serpent, pues allí yacían ya desde 1883 las víctimas del vapor Iris de Hull . En el verano del 2003, acompañé al almirante David Pulvertaft, de la Royal Navy, especialista en la historia de los mascarones de proa de los buques, en el minucioso examen que llevó a cabo de la mitad del mascarón del Serpent que se conserva privadamente en Galicia. La otra mitad fue recuperada por la dotación del Lapwing y está en el Museo de Greenwich. Sus conclusiones, publicadas recientemente en Inglaterra, confirman la autenticidad del «barbudo», como le conocen sus propietarios actuales. Galicia cuenta ya con un monumento al Náufrago en Celeiro, realizado por el escultor José Luis Neira a petición popular tras la galerna que sembró de luto ese puerto y muchos del Cantábrico en Julio de 1961. Pero pienso que la Costa de la Muerte y sus dramas se merecen un Monumento al Náufrago en homenaje a los marineros gallegos, del resto de España y de muchas más naciones que aquí perdieron su vida. El centro emblemático de esta costa es el Cementerio de los Ingleses y allí, realizado con la suficiente sensibilidad para no herir el maravilloso paisaje, sino para incluir en él un símbolo de la aventura humana que por sus aguas transcurrió, se debería erigir este monumento. San Sebastián tiene su Peine de los Vientos, Copenhagen su Sirenita, Galicia podría tener en Punta Boi una obra de arte que recogiese visual y sonoramente la fuerza del mar y del viento para rendir un eterno y emocionado homenaje a los hombres de la mar. Esta es mi propuesta a los gallegos, a sus artistas y a sus representantes cuando conmemoramos en amistad con Inglaterra el aniversario del Serpent .