De cementerios y hombres

| S. GARRIDO |

CARBALLO

PASABA POR AQUÍ

05 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

EN ESTAS páginas, hace unos días, Manuel Suárez hablaba del magnífico cementerio de O Allo, inaugurado ayer, y del párroco que lo promovió, Fidel Fernández, calificándolo incluso de «arquitecto», apreciación que, me consta, habrá ruborizado al cura, muy amigo de sus feligreses, manteniendo las distancias que impone la costumbre, pero muy poco amigo de alabanzas públicas, aunque sean justas. Tal vez me permita decir que es incluso enemigo de esa vanitas, vanitatis, omnia vanitatis , locución con la que a veces se caracteriza, en pinceladas, el comporamiento humano. Tal vez haya ocurrido, pero jamás en tres décadas he oído hablar mal de Fidel. No todos los curas de la zona pueden decir lo mismo. Confesor, consultor, consejero, así trabajó siempre para los suyos. El cementerio de O Allo no es más que una prolongación de su personaliad, aquella que busca las cosas bien hechas. Y punto.