ARA SOLIS | O |
24 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.BUSCANDO EN ese pozo de sabiduría infinita que es Google, he encontrado los orígenes de mi nombre, no muy frecuente por estas latitudes. Tengo un alter ego que evoluciona como tenor de ópera de gama media en los circuitos italianos. Conseguí ponerme en contacto con él y me explicó con voz profunda, algo cascada ya por el mucho uso, pero sobre todo por los demasiados vicios y una querencia al orujo que le dejó cierta crítica publicada en Il Corriere , que nuestra familia tenía una historia interesante. El gran Garibaldi, antes de hacer de las suyas en su Italia natal, hizo prácticas de revolución en Brasil. Allí montó una, de esas independentistas, que sentaron mal al Gobierno de turno, así que tuvo que poner pies en polvorosa. No por males políticos, no, sino porque gustaba de las garotas de los gaúshos locales y porque entre aquellas aguerridas mulatas su fino bigote engominado y sus arias de Verdi hicieron estragos. Perseguido a tiro de fusil, se escapó por los pelos cuando lo escondió en su casa un compatriota suyo, que a la sazón tenía cantina en Santa Ana de Livramento. Era Luciano Capurro, que lo llevó de vuelta a Europa. El viejo Capurro se comprometió a llevarlo a Nápoles, pero una galerna desvió un tanto de su ruta al buque. Parece que en realidad la culpa fue de unas barricas de Lambrusco que consumidas en el viaje. El navío tocó tierra en Sabadelle y se hizo aguada. El héroe italiano volvió a romper corazones y antes de embarcar hubo aventura y embarazo. -¿E como lle imos chamar? -Ponle Luciano Capurro, en honor a mi amigo. Y de esa rama vengo yo. El tenor viene de los de verdad, o eso cree, porque el héroe nunca tuvo tiempo de buscar nombres nuevos para sus muchos retoños.