Muxía tiene juventud eterna

Eduardo Eiroa Millares
Eduardo Eiroa CARBALLO

CARBALLO

XESÚS BÚA

En directo | Fiesta de jubilados y pensionistas Cerca de 600 mayores comieron ayer invitados por el Ayuntamiento en una cita en la que no faltaron ni la misa cantada ni los bailes amenizados por una orquesta

21 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Los mayores de Muxía celebraron ayer su encuentro anual. Van por el sexto. Cerca de 600 se sentaron a compartir la comida a la que les invita el Ayuntamiento cada mes de mayo, aunque esta vez la cosa se adelantó algo. Como viene siendo habitual en este tipo de reuniones, el buen ambiente presidía las mesas. Los que más gozan, siempre, los de más edad. Se nota. Especialmente en aquellos que se pasan la vida en algún lugar más o menos rural y no tienen la oportunidad de encontrarse con los amigos. Ayer la tuvieron: tres autobuses recorrieron una a una cada parroquia y cada aldea para que no faltase nadie al festín. A las dos y cuarto, después de escuchar misa cantada -otra cita ineludible- en el santuario de A Barca, comenzaron a sentarse los jubilados y pensionistas del municipio. La carpa preparada casi se quedó pequeña, pero al final hubo sitio para todos. En la mesa presidencial el alcalde, Alberto Blanco, con algunos miembros de su equipo y la delegada de Familia, Rosa Gómez, como invitada especial y encargada del discurso. Aunque se suponía que las palabras iban antes de la comida, lo cierto es que muchos, menos interesados en política que en pasarlo bien, se pasaron directamente a la empanada. Las había de bacalo y de atún. La orquesta Odisea, que firmaba el baile, se arrancó, ya en los aperitivos, con un María la portuguesa y arreció el hambre. Las 58 empanadas desaparecieron en pocos minutos y los jubilados se fueron a por los segundos: 250 kilos de carne ao caldeiro con sus 180 kilos de patatas y unos 400 de pulpo. Para todos, se entiende. El chef del asunto, Manuel Veloso, con su séquito de la pulpeira Puente Ulla, no recordaba la cantidad de vino destinado a regarlo todo. Pero se sabe que era bastante: turbio ribeiro y mencía para todos. Para los menos osados, con gaseosa. Barra libre de tarta de Santiago y de bizcocho en los postres para acompañar el café y después, claro, baile, mucho baile. Hasta tarde. Entre todos sumaban, a ojo, 42.000 años, pero el buen ambiente y las ganas de pasarlo bien demostraron que pueden pasar por jóvenes con muchos menos.