Una experiencia para olvidar

La Voz Á. P. | CARBALLO

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CASAL

Crónica | Asalto violento en Cabana

10 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Experimentar temor al abrir una puerta o temblar cuando se escucha un ruido inesperado es la reacción lógica y propia de alguien, como la esposa del propietario de la parrillada Hermida, que acaba de ser objeto de un atraco a mano armada. Y la mejor terapia para una familia que quiere recuperarse de un suceso así -sufrir un asalto en su propio hogar y ser encañonados con una pistola-, es el olvido. Ése es el objetivo principal del matrimonio y sus dos hijas: volver a la rutina anterior y borrar de la mente escenas como la de la mujer abriendo la puerta del dormitorio pensando que eran sus hijas quienes llamaban y no los asaltantes armados con una pistola y varios cuchillos; o la familiaridad con la que uno de ellos se dirigió al esposo de ésta llamándolo por su nombre de pila. Lo que no pueden ni quieren olvidar es la investigación emprendida por la Guardia Civil para intentar capturar a los dos delincuentes, que encapuchados y tras forzar una ventana llegaron hasta la habitación del matrimonio en plena noche. El suceso, mucho más grave que los habituales robos que proliferan por la zona de un tiempo a esta parte, centra estos días las conversaciones de los vecinos del lugar que el lunes dormían plácidamente mientras cinco patrullas de la Guardia Civil cruzaban el lugar. Diesiete minutos emplearon en acudir al restaurante cabanés en respuesta a la llamada de auxilio efectuada por las hijas de la pareja, angustiadas por la situación que vivían sus padres al otro lado del tabique: atados tras entregar una importante cantidad de dinero a sus captores. Pero, más importante que los siete mil euros perdidos o que la sensación de inseguridad que provoca un suceso así -y que reduce a una categoría de casi anécdota los robos sufridos por los vehículos estacionados en el aparcamiento del restaurante con anterioridad-, es ahora volver a la normalidad de la atención al cliente. Tres días después, las ansias de justicia sólo rivalizan con el deseo de que nadie tenga que vivir una experiencia así.