Entrevista | Teresa García Rivera La psicóloga mexicana formada en Bélgica y Palo Alto visitó ayer el centro Umbela para conocer la labor que llevan a cabo sus responsables para la integración de discapacitados
28 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?e padres españoles, pero nacida en México, Teresa García Rivera dejó pronto el país azteca para continuar sus estudios de psicología en Bélgica y completar su formación en el Instituto de Investigaciones Mentales de Palo Alto (California). De vuelta a Europa como representante de esa institución, se hizo cargo de la dirección del Instituto Gregory Bateson, en Lieja (Bélgica), matriz de varios centros en los que se han formado más de 7.000 terapeutas, entre los que se encuentra la responsable de Umbela, Luisa Rial Sánchez. Ella ha sido, precisamente, la anfitriona de la visita que García Rivera realizó ayer a las instalaciones de Nantón aprovechando su estancia en Santiago para participar en un congreso internacional. -¿Qué opinión se lleva después de conocer el centro? -Muy buena. En el centro se hace un trabajo extraordinario y tienen mucho coraje porque están abriendo fronteras que estaban cerradas hasta ahora. Además llevan a cabo investigaciones muy interesantes y hay mucha calidad humana. -¿Hay muchas diferencias entre Bélgica y Galicia en cuanto al tratamiento de estas personas? -Creo que, en general, en Galicia hay muy buen nivel terapéutico gracias a unos profesionales muy serios que realizan un gran trabajo. -¿Y en cuanto al papel de la Administración? -Hace falta más apoyo porque esta gente está situando Galicia a un nivel muy alto en relación a la media de europea. Aquí se están llevando a cabo iniciativas que son perfectamente extrapolables a Francia o Italia. -¿La población está suficientemente concienciada de la importancia de esta labor? -Es difícil decir qué opina la gente en su conjunto, pero sí puedo señalar que es importante que sepa el gran nivel que hay aquí y el valor del trabajo que se está realizando. Es fundamental que haya una gran sensibilidad para lograr que toda la población se pueda integrar. -¿Quedan muchas barreras por superar? -Pienso que sí, pero no sólo en Galicia. Hay miedo a lo diferente, sobre todo cuando hablamos de gente con problemas psicológicos y psiquiátricos, pero existen maneras de superar esto. No se trata de ayudar a unas «pobres personas», sino de integrarlas, de lograr que sean recursos de la sociedad, que pueden ser útiles. -¿Qué diferencia a la escuela de Palo Alto de otros modelos terapéuticos? -Nuestra idea principal es que cuando una persona tiene una discapacidad, las relaciones con las personas que la rodean, con su entorno, son fundamentales para poder superarla. Por eso ponemos tanta energía en las personas discapacitadas como en los que están con ellas.