El final de un larguísimo verano

Cristina Viu Gomila
Cristina Viu CARBALLO

CARBALLO

En directo | Primer día de clase

10 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?a feria de la vuelta al cole va por parroquias. Los de primaria están entusiasmados con poder escapar de casa durante unas horas y compartir juegos y aprendizaje con compañeros que no pudieron olvidar, pero que en muchos casos había meses que no veían. En infantil la cosa no es tan fácil, porque cuando uno todavía no ha cumplido los cinco la vida fuera del hogar es muy dura. La vuelta al cole es un día de nervios para todos, sobre todo si los vástagos cambian de ciclo, con lo que eso supone de nuevas aulas, profesores y compañeros. Como no son los únicos que se encuentran en terreno desconocido, el desconcierto es importante, aunque, curiosamente, los niños lo llevan mucho mejor que los padres. Algunos progenitores parecen haber olvidado el abecedario y la capacidad para leer una lista, pero es que la dirección de algún centro, el Fogar en concreto, no tiene en cuenta la estatura media de las españolas, a la hora de dedidir donde cuelga las listas, y la capacidad de visión más frecuente entre los que tienen los ojos marrones, porque leer la relación de los matriculados a cierta distancia era absolutamente imposible. Menos mal que los profesores y los alumnos mantenían la calma. Más de una se llevó un sofocón al cree que había perdido al niño, debutante en primaria, porque éste simplemente se coló en una clase que no era la suya, algo que no le afectó lo más mínimo. Otra cosa eran los espantados párvulos de tres años, a los que les queda toda la enseñanza obligatoria por delante y que ayer aún no habían tenido la ocasión de comprobar como es la vida con la familia lejos. La dirección del centro les da tiempo para habituarse a base de dos horas diarias de entrenamiento, pero hasta dentro de unos meses el acceso al centro no será completo y para entonces la profesora habrá perdido un mínimo de dos kilos. Si ayer el colegio parecía un caos de padres, abuelos, niños y profesores, el lunes se habrá vuelto a la normalidad que se abandonó en junio y entonces ya tendrá uno la sensación de que nunca dejó de ir al colegio. Quizá sea precisamente el motivo por el que los padres nos ponemos tan nerviosos por los pasillos.