En directo | El final del conflicto
16 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Con el gesto serio de quien deja el que fue su hogar durante muchos años y una mezcla de alegría por su nueva vivienda y preocupación por lo que les depara el futuro, los habitantes de Os Canedos desmontaban ayer sus chabolas. Sin prisa, pero sin pausa, las cuatro familias cargaban sus pertenencias en sus vehículos para abandonar el lugar dejando tras de si un montón de tablones perfectamente apilados donde antes habían estado sus casas. «Cuando yo llegué aquí, él tenía unos meses», aseguraba uno de los integrantes de la familia Ramírez Montoya señalando a su hijo de diecisiete años. Ahora, media vida después, por fin han conseguido una vivienda digna y zanjado una polémica que durante dos años pareció irresoluble. Los hombres desmantelaban sus casas con la destreza con la que ya lo habían hecho en dos ocasiones y con el cuidado de quien ha tenido que rehacer lo deshecho también por dos veces. Mientras, las mujeres recogían los enseres y los más pequeños contemplaban con curiosidad y asombro como sus casas quedaban reducidas a la nada. La presencia -inevitable por cuestiones legales, pero innecesaria por lo tranquilo del proceso- de la Guardia Civil alteró un poco los ánimos, pero al final la situación se calmó y la labor prosiguió sin más problemas que los ocasionados por el estado de algunas de las caravanas que había que trasladar también. Armarios, sofás y otros objetos de todo tipo quedaban atrás en las vidas de unas familias que ya comenzaban a pensar en los retos que les esperan. «Ahora ya podemos pedir ayudas para comprar muebles», apuntaba con la mente puesta en su nueva vivienda una de las antiguas chabolistas que al igual que sus parientes, espera que, por fin, a la tercera sea la vencida.