En Directo | En el Hollywood Motor Show Los nueve especialistas de cine y televisión que se encargan del espectáculo hicieron todo tipo de piruetas al volante de coches, tractores, quads y todoterrenos
02 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?xpectación en la cola de entrada. Decenas de personas esperaban ansiosos el espectáculo. Algunos miraban desde las ventanas de los edificios colindantes (para ahorrar los euros del espectáculo). Entre el público predominaban los jóvenes y los chicos eran superiores en número a las chicas. No por mucho. En silencio, todos escuchaban el rugir de los motores. Dos especialistas, de los nueve que trabajan en el espectáculo, comenzaron a hacer trompos con dos Toyota Celica. Un despliegue de derrapes y quemar ruedas. Las caras de asombro fueron aumentando a medida que avanzaba el espectáculo. Tres Celicas colocados a la par sobre dos ruedas arrancaron alguna de las mayores ovaciones de la noche. Después invitaron a diez muchachas a subirse con ellos, lo que causó caras de envidia entre amigos y novios. Pero el espectáculo no sólo se compone de coches. También hay quads, tractores y todoterrenos, que dejan de ser vehículos torpes y con poca movilidad para ser verdaderas marionetas en manos de los conductores del Motor Show. Como cuando Peter Stey, director de la compañía, consiguió hacer que un tractor bailase un vals. Algún espectador de mediana edad seguía el ritmo con las palmas. Tras diez minutos de descanso comenzó la segunda parte, que fue de infarto. Con la pista llena de gasolina, un coche atravesó la pared de fuego con un hombre atado a la defensa de atrás. Después, Luciano, el único gallego y español de la compañía, se jugaba el tipo dando vueltas de campana dentro de un Seat Panda totalmente destartalado. Ese mismo coche quedó relegado a chatarra después de que los todoterrenos americanos le pasasen por encima. Aunque David Williams fue el autor de las piruetas más arriesgadas, no consiguió ser el más ovacionado, en detrimento de Patrick y Christopher, los jovencitos del grupo, que eran recibidos bajo los gritos de «guapo», lo que levantó las risas entre el sector masculino (presumiblemente era una manera de esconder su envidia) y las caras incrédulas de los destinatarios de los piropos. Es parte del espectáculo.