Aquí no pasa nada

| EDUARDO EIROA |

CARBALLO

PASABA POR AQUÍ

03 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

OCURRIÓ EL milagro. La maldad por la que la semana pasada todos los partidos de la oposición dilapidaban a los que mandan ha desaparecido. También ha desaparecido la necesidad de construir obras, autovías, paradores y otros palacios: fíjense, ya nadie los pide. Todo debe estar bien porque los políticos ya no le explican a la gente sus virtudes, se supone que porque todos las conocen. Así da gusto. Los que antes eran ladrones, ahora parecen redimidos; los que se agitaban como ménades poseídas ante tanta injusticia, descansan tranquilos. En el fondo, las elecciones tienen algo de combate de boxeo: sólo da tiempo a unos cuantos asaltos. El que gana queda agotado de repartir y el que pierde, aliviado de acaparar palizas. Y en ese estado es lógico que ya no tengan ganas ni de ultrajarse algo. Es tiempo de tregua, la que se usa para retirar cadáveres del campo de batalla y repartir los despojos.