Se busca a un joven bajito, muy educado y con ropa de marca

Alberto Mahía A CORUÑA

CARBALLO

EDUARDO

El individuo sólo atraca a punta de navaja a mujeres que trabajan al frente de negocios de la zona de Cuatro Caminos

12 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Es como una ardilla. A veces un galgo. No es el clásico ratero de navaja de siete muelles, de pinchazo en vena y bolsillo sin un duro. Este ladronzuelo se las trae. No tiene antecedentes. Ni una multa, de ahí que se escurra como una anguila. La policía le pisa los talones. Sigue su huella. Su pequeña huella de joven veinteañero. Hace un mes comenzó a asaltar negocios en la calle Fernández Latorre, amplió sus miras y llevó su oficio a Alcalde Marchesi y a Castiñeiras de Abajo. Hizo uso de su cuchillo en al menos veinte establecimientos de la zona. Por ahora se le conocen sus rasgos, que no es poco. Es bajito, se calcula que entre pies y cabeza no hay más de 165 centímetros. Viste siempre ropa de marca. Los días de sol gasta polo blanco de manga corta Lacoste y cuando llueve se pone un suéter de los de 150 euros. Tiene el pelo corto, a veces de punta. Actúa como un gentleman. Es educado al cuadrado. Entra en los negocios como lo haría cualquier hombre de bien. Lo primero es asegurar que en la tienda no hay más que una persona. Si es zapatería, se prueba un par o dos; si es peletería, se talla una cazadora. Da confianza. Y cuando nota que la dependienta (nunca dependientes) baja la guardia, se vuelve violento. Cuchillo Primero dice que tiene el coche mal aparcado, que regresa en un momento. Sale a la puerta, otea el horizonte, y cuando ve que no hay más ojos que los de él y la víctima, saca un cuchillo del pantalón, regresa al establecimiento y se le pone el filo del arma en el cuello de la víctima. Nadie le hizo frente. Este joven tiene loca a la policía. Lo tienen entre ceja y ceja. Tanto, que su captura se ha convertido en una de las misiones más urgentes. Los agentes saben que este imberbe acaba de comenzar a escalar la cucaña de la delincuencia, pero también saben que ya se ha hecho un nombre en la lista de los delincuentes con más tino. La zona de Cuatro Caminos lleva semanas tomada por policías de paisano y de uniforme. Lo quieren coger con las manos en la masa. Visitaron todos los negocios del barrio poniendo en alerta a las dependientas que todavía no han sido atracadas. Les advirtieron que si por sus negocios aparecía un joven con ciertas características, hiciesen lo posible por pedir ayuda y llamar a la policía. Una de las atracadas, la dependienta de una tienda de pintura, recuerda su infierno: «Apareció, me hizo un par de preguntas y se comportó muy amablemente. Salió un momento a la puerta y regresó con un cuchillo. Me amenazó, le di el dinero de la caja y se fue». Ocurrió hace dos semanas. La propietaria de un establecimiento de segunda mano cree que su ángel de la guarda la salvó. «Lo vi. Entró en mi negocio. Varias veces. Siempre hablaba cinco minutos conmigo. Creo que esperaba a que me quedara sola. Pero tuve suerte porque cuando él aparecía siempre estaba alguien en la tienda», recuerda.