Los vimianceses «tomaron» el pueblo zamorano de Santa Marta el día de su fiesta La visita acabó en una celebración que los soneiráns disfrutaron todo el fin de semana
02 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.A El madrugón valió la pena. De la plaza del Concello en Vimianzo salieron el sábado dos autobuses a las seis de la mañana para llegar a Santa Marta de Tera unas seis horas más tarde. El pequeño pueblo zamorano esperaba con los brazos abiertos a sus hermanos gallegos, más de cien, que hicieron que el número de habitantes de la villa castellana subiera un 10% durante el fin de semana. Son poco más de 1.000. Viven en un pequeño lugar a unos treinta kilómetros de Benavente. El río Tera da algo de vida a un paisaje más o menos desértico del que los lugareños se ocultan, persiana por medio, para no morir achicharrados. El Tera es la vida de la zona, algo que se reconoce en que una docena de pueblos llevan al río en su nombre. La otra vida del lugar es la joya arquitectónica que a principios del XII levantaron allí: la iglesia de Santa Marta de Tera es todo un ejemplo de clasicismo románico que, lejos de las tradiciones gallegas de granito, deja ver en sus capiteles y proporciones el trabajo de auténticos orfebres y miniaturistas. Muy bonita, tanto, que los de Vimianzo aguantaron dentro casi dos horas sin rechistar escuchando los discursos que el alcalde del lugar, Heliodoro Tábara Lobo; el alcalde de Vimianzo, Alejandro Rodríguez; la presidenta de la Diputacion de Zamora, el catedrático Mourelle de Lema y otras personalidades. Después de los aplausos, todos los visitantes se fueron directamente al restaurante, propiedad del alcalde, a degustar un menú compuesto por melón con jamón, merluza ( seguramente criada en el río Tera) y cordero. No hubo queja. Los anfitriones no dejaron que nadie se aburriera: visita a la bodega, propiedad del alcalde, visita a la playa fluvial, fiesta con churrasco y baile y al fin a la cama repartidos en tres hoteles, uno de ellos, naturalmente, propiedad del alcalde.